—Bueno, jóvenes, ahora veamos la tercera unidad del programa, recuerden que esta es la última del semestre y tenemos solo unas semanas para acabar.
Explica la profesora Hudson, una mujer rubia, delgada y de melena rizada, pareciera de esas enfermeras salidas de series de televisión, de las que son unas zorras y se quedan con el doctor, en fin, ella nos imparte la materia de Administración de los servicios de enfermería, que por cierto, no es la mejor clase del mundo, odio las materias teóricas, pero no se comparan con el odio que le tengo a Eva Turner, una zorra total que podría considerarse la vergüenza para las enfermeras que sí hacen su trabajo, es de esa clase de chicas que solo se preocupa por ella y por cuantos chicos puedan estar entre sus piernas al día, completamente hueca y para mi mala suerte exageradamente atractiva, sí, es la madre de la silicona, senos y culo operados, nariz, labios y cintura, uno que otro habla sobre ciertas operaciones en zonas íntimas, cosa que me parece estúpido, hola soy Eva Turner y mi v****a es hermosa, ¡Sandeces!; Pero en este momento mi mente está lejos de todo esto, no he visto a Adam desde esa noche en el Vudú, ya pasaron dos semanas desde entonces, para mi suerte, Krista está demasiado entretenida con Drake y no ha preguntado nada sobre esa ocasión, aún ronda la duda en mi cabeza de ¿Por qué reaccionó así? Esa cicatriz era bastante grande, abarca todo su hombro, no me desagradó, me preocupó, ¿Cuánto habrá sufrido en su accidente? si se le puede llamar así, además es extraño, no me lo he topado en la salida de mi turno y mucho menos lo he visto durante el día, quiero verlo, hay algo en él que me incita a querer tenerlo cerca.
El timbre de fin de clases suena, tomo mis cosas y las guardo en mi mochila, es lunes, mi día de descanso.
—Miren a quien tenemos aquí, la nerd
Suelto una pesada respiración, para mi mala suerte en el pasillo me encuentro a Eva, su lacio cabello castaño y largo brilla como una linterna, esta mujer supura silicona por todos lados, mi vista se clava en sus grandes ojos verdes.
—No me molestes, Eva.
—No me quites mi diversión, nerd.
Frunzo el ceño y la paso de lado.
—No estamos en el instituto como para que sigas con estupideces.
Camino a la salida tratando de evitar que me siga, lo logro, pero lamentablemente el mundo se pone en mi contra, afuera llueve a cántaros, malditas tormentas otoñales, siempre tan oportunas, suspiro y salgo del edificio corriendo a la parada de autobuses.
—Solo falta que un maldito camión me arroye —suelto entre dientes titiritando de frío, el autobús no tarda en llegar, subo y tomo el último asiento, froto mis brazos, por alguna extraña razón tengo ganas de llorar, me siento estúpidamente vacía.
Minutos después, el autobús para en la calle Canal, bajo y antes de seguir mi camino, un maldito auto pasa y me empapa con el agua estancada de la calle, comienzo a hacer pucheros, solo falta que me arroyen, sé que puedo llorar, a fin de cuentas, es la ventaja de la lluvia, las lágrimas se confunden con el agua, me abrazo a mí misma y lloro en silencio mientras camino a casa, de pronto noto que el agua no cae, alzo mi mirada y me percato de que en realidad un paraguas me cubre.
—Hola Lizzy.
Escucho la voz de Adam detrás de mí, mis ojos se abren como platos, me giro y sin importar nada me abalanzo sobre él abrazándolo y aun llorando.
—Eres un idiota, ¿Cómo pudiste desaparecerte así? —sollozo, él me corresponde envolviéndome con su brazo libre mientras acaricia mi espalda.
—Te dije que soy peligroso, Lizzy.
—No me importa, para mí no lo eres.
Trato de evitar hablar sobre lo que vi en su hombro, no quiero incomodarlo, él me toma por uno de mis codos alejándose un poco, me limpio las lágrimas con la manga de mi mojado suéter, él frunce el ceño.
—Te vas a enfermar.
—Ya casi llego a casa.
—Te acompaño.
—Adam.
—¿Sí?
—¿Te quedas conmigo para almorzar?
Detiene su paso y me mira severo.
—¿Qué? —pregunto algo inquieta por su reacción, veo que su mandíbula está tensa, pero mi mirada lo recorre de arriba a abajo, me doy cuenta de que lleva vaqueros obscuros y camisa a cuadros roja con n***o arremangada hasta los codos, se ve bastante bien.
—Son las tres y media de la tarde y, ¿No has almorzado? ¡Por dios! ¿No tuviste tiempo de comer algo en la cafetería?
Me sonrojo al máximo, ¡Qué vergüenza! agacho mi mirada, sí supiera que mis fondos se han agotado y tuve que gastar en los materiales que me pidieron en la universidad, Siento su mano bajo mi mentón obligándome a mirarlo.
—¿Qué pasa?
Suspiro, él me mira con cierta preocupación así que decido responder con la verdad, aunque algo pesarosa.
—Me gasté mis fondos, tuve que comprar mi material escolar y pagar otras cosas, todos mis ahorros se fueron en los materiales que ocuparé para las prácticas, incluyendo mi atuendo de enfermera y la compra de emergencia que tuve que hacer al quedarme sin ropa.
Ladea su cabeza, su semblante es más relajado que antes.
—¿Por qué no lo dijiste antes?
—No iré por ahí dando lástima por mi falta de dinero.
Arquea una ceja y apoya su mano sobre mi mojado hombro.
—No me das lástima, hablaré con Hank para que te apoye con la escuela.
—No lo hagas, me paga bastante bien y es considerado conmigo cómo para pedirle más.
Sí algo tiene Hank, es que es un tipo bastante atento, me ha tenido paciencia en cuanto mi capacidad de atender a las personas, me paga bien y se porta bastante amable, no solo eso, me paga un poco más de lo que dice en mi contrato, sabe que soy estudiante y que estoy sola, bastante hace como para pedirle más.
—Entonces deja que yo te ayude.
Me sorprende su ofrecimiento, suelto una pesada respiración.
—Adam —llamo su atención.
—Por favor, Lizzy, es lo menos que puedo hacer.
Sus ojos azules se clavan en los míos suplicantes, sé que no aceptará un no, o eso es lo que puedo percibir en su mirada y muerdo mi labio.
—Está bien, hablemos en casa, ¿Quieres? tengo fría hasta la conciencia.
Rompe a carcajadas mientras yo froto mis brazos, juntos caminamos al departamento, Krista salió con Drake después de clases, así que dentro de lo que cabe estaremos cómodos y sin el gran interrogatorio de mi loca amiga, ya me lo imagino, de por sí, cuando nos vio en el bar, ya creía cosas que no son, con más razón si nos viera llegar juntos al departamento.
—¿Por qué llorabas?
Me toma por sorpresa su pregunta, aprieto los tirantes de mi mochila un tanto nerviosa.
—Eh, yo, pues... —trato de responder rápido, pero termino balbuceando
—Lizzy.
Lo miro, él solo arquea su ceja esperando respuesta, suspiro nuevamente, Adam quiere un por qué para todo, en ocasiones su curiosidad es acosadora, otro punto más que agregar a mi lista de cosas sobre Adam Lui.
—Solo no fue un buen día —respondo no muy convencida de mis palabras, lo he pasado mal, aunque no sé si sea por lo de mi madre, mi padre o por la ausencia de él.
—¿Solo eso? —cuestiona, ya notó que hay algo más, ¿Por qué es tan curioso? ni siquiera me conoce y parezco importarle demasiado, no lo niego, es agradable importarles a las personas, pero yo ni siquiera lo conozco; nuevamente suspiro mientras seguimos nuestro camino.
—Adam, estoy prácticamente sola, Krista es mi amiga, pero no puede estar conmigo siempre, no tengo familia y...
La punzada de dolor al hablar de mi familia es inevitable, fue dura la muerte de papá, peor aún haberlo tenido que encontrar muerto, pero saber que mamá está ahí y que no me quiere es horrible, aun temo que Tom me encuentre; hago una pausa, ya casi llegamos a nuestro destino, no sé si deba seguir hablando.
—¿Lizzy? —pregunta quedamente, parpadeo un par de veces, evito mirarlo a los ojos poniendo atención solo en el resbaloso camino.
—Adam, no tengo a nadie.
—Krista es tu amiga.
—Ella tiene su vida.
—Yo estoy solo.
—¿Qué?
—Mi familia murió hace bastante tiempo, fue cuando era un niño.
Su respuesta me deja fría, estamos hablando de que él no tiene absolutamente a nadie, peor aún, se quedó como un pequeño niño perdido, imagino al pequeño de piel extremadamente blanca y cabello n***o con sus grandes ojos azules con expresión triste, ¿Cómo le hizo para vivir? ¿Acaso se quedó en un orfanato o algo así?; sacudo mi cabeza y no me queda más que responder.
—Lo siento, no tenía idea y...
Me toma la mano y me da un ligero apretón silenciándome, me sonrojo.
—¡Ey! tranquila, estoy bien, salí adelante, soy independiente, estoy vivo y eso es lo que importa.
—¿Tienes amigos?
—Hank, lo conozco desde siempre, aunque hasta hace dos años, comencé a trabajar con él, es un gran tipo.
—¡Vaya! y yo llorando por mi miserable vida —respondo con cierto tono sarcástico, llegamos al edificio y entramos, él cierra el bendito paraguas, caminamos hasta las escaleras subiendo al segundo piso, saco las llaves de mi bolsillo y abro la puerta.
—Pasa, es pequeño, pero es de Krista.
—Gracias.
Nos abrimos paso en el diminuto departamento, todo está junto, una reducida cocina y un comedor de dos sillas, un sofá y un pequeño televisor, el baño en la puerta del fondo y junto a este la cama y la cómoda.
—En verdad es pequeño.
—Mi casa es mucho más grande, puedo asegurarte que es hermosa y con un toque clásico victoriano, era de mi familia por parte de papá, los Roux.
—¿franceses?
—Sí y aunque no lo creas, sé hablar francés.
—Mlle parlé en français —dice sonriente La señorita habla en francés
—Apparemment vous le faites bien et assez bien —respondo refiriendo a que también lo hace muy bien, me da una amplia sonrisa y nos adentramos a mí, por el momento, pequeño hogar.
—Siéntate en el sofá, es más cómodo que las sillas del comedor.
—¿No quieres que mande pedir algo? además debes cambiarte primero, no quiero que enfermes.
Se deja caer sentado en el sofá, me agrada que se preocupe por mí, en realidad Adam es del tipo de chicos que en cuanto lo miras logra contagiarte de su extraño sentido del humor.
—Tranquilo, ya me iré a cambiar y después cocinaré, además quiero que pruebes mi comida.
Alzo las cejas divertida, él me sonríe negando con la cabeza.
—Yo ya almorcé.
—Solo come un poco.
—Lizzy.
—Por favor.
Suplico juntando mis dos manos, él rueda los ojos y suelta una pesada respiración.
—Está bien.
Le devuelvo una sonrisa y me giro caminando hasta la cómoda, abro el cajón tomando un short y una blusa de tirantes.
—Adam —lo llamo, él se gira para verme.
—¿Sí?
—No voltees, debo cambiarme.
—¿No puedes hacerlo en el baño?
—Es demasiado pequeño para eso, además es más incómodo para mí que para ti, tengo más que enseñar.
—Y no sabes lo que pagaría por mirar —suelta divertido, yo me sonrojo al máximo.
—¡Adam!
—Está bien, ya me volteo y cierro los ojos, no miraré, lo prometo.
En cuanto deja de prestarme atención, me desvisto a toda prisa, la ropa húmeda cae al suelo y me visto con la muda que tomé del cajón.
—¿Ya casi?
—¡No! —grito, veo que alza sus manos en señal de rendición mientras yo río, tomo mis peculiares pantuflas en forma de perro y me las calzo, recojo la ropa del suelo y la dejo en el cesto.
—Ya puedes mirar.
Se gira y me sonrojo al notar que me recorre de arriba abajo con esa mirada intensa.
—¡Wow! lindas piernas.
—¿Gracias?
—Es un cumplido Lizzy, no agradezcas, por cierto ¿Qué harás para almorzar?
—Sopa.
—Suena bien, ¿Te ayudo en algo?
—Ponte cómodo.
—Ya lo estoy.
Camino hasta la nevera y abro sacando todo lo necesario para hacer la dichosa sopa de verduras, Adam se levanta de su asiento y se para justo a mi lado.
—No me gusta estar sin hacer nada.
—Puedes prender la televisión.
—Casi no veo televisión, soy más un hombre de acción.
Me da una sonrisa de medio lado y noto uno de sus colmillos sobresalir, la verdad es sexy, es como de esos chicos de The Vampire Dairies[1], sí, algo al tipo de Ian Somerhalder.
—¿En qué piensas Lizzy?
—Em, bueno, yo, pues.
Acerca su mano y me acaricia la mejilla.
—Te ves muy linda cuando te sonrojas, Lizzy, nunca dejes de hacerlo.
—Gracias.
—Pero ahora dime, ¿En qué pensabas?
Nuevamente me sonrojo, abro el grifo lavando todas las verduras.
—Bueno, yo, ¡Demonios! son tus colmillos, eres sexy.
Froto fuertemente una zanahoria, escucho que se ríe, la verdad me gusta ese sonido.
—Gracias Lizzy.
Me acaricia una mejilla con el dorso de su mano, suspiro, tomo la tabla para picar y el cuchillo, me acomodo y comienzo a partir todos los vegetales en cuadros.
—Eres hábil con eso, ¿Estudias gastronomía o algo así?
—Enfermería.
—¡Oh! ya veo, interesante elección.
Lleno la cacerola con agua y la pongo en la estufa, enciendo el quemador y la cubro con la tapa esperando a que hierva.
—¿Qué estás estudiando? Digo, no pareces mayor que yo o lo disimulas muy bien.
Cierra los ojos y sonríe, yo ladeo mi cabeza esperando respuesta.
—Sí, sí estoy estudiando, lo hago en línea, casi no tengo tiempo, soy del tipo al que le gusta leer y comprender, me fui por literatura inglesa.
—¡Wow! me sorprendes.
—Espero que sea gratamente.
—¿Siempre eres tan correcto para hablar?
Sonríe y se recarga en la mesa auxiliar.
—Algo así, es bueno recordar viejos tiempos.
Arqueo una ceja, ¿Recordar viejos tiempos? eso es extraño, a menos de que su familia hubiera tenido la costumbre de hablar de esa forma; el agua comienza a hervir, quito la tapa y con cuidado vierto las verduras, un poco de consomé de pollo en polvo y puré de tomate, Adam no pierde detalle de mis movimientos, tapo la cacerola y bajo la intensidad de la flama.
—Ya falta poco, voy a poner nuestra mesa.
—Déjame ayudarte.
—Está bien, los platos están en el gabinete de arriba, yo llevo lo demás.
Asiente y mientras él se encarga de su tarea, yo busco las cucharas y dos vasos, camino hasta la nevera y tomo la botella de refresco de lima limón, haciendo maniobras llevo todo a la mesa.
—Lizzy.
—¿Sí?
—No me conoces.
—No mucho, pero eres un gran chico.
—Soy peligroso.
Al escuchar su frase frunzo el ceño, acomodo los vasos al centro de la pequeña mesa y las cucharas al lado de cada plato.
—¡Y dale con el peligroso! —replico.
—Lizzy, sí yo quisiera puedo matarte en este instante.
Me estremezco al escucharlo, ¿Qué diablos tiene en mente? me giro en mis talones y camino hasta la estufa, apago el fuego y tomo los guantes.
—No me crees, ¿Cierto? —pregunta detrás de mí, yo niego con la cabeza y me acomodo los guantes, cuando estoy por tomar las azas de la cacerola me toma por la cintura desde atrás, pero es más mi impresión al notar que pone el cuchillo que minutos antes estuvo en el fregadero en mi cuello, mis ojos se abren como platos, trago en seco, aunque en verdad no tengo miedo, es un sentimiento confuso.
—No debes hablar con desconocidos —susurra en mi oído en cierto tono amenazante, el frío metal que choca contra mi piel me hace estremecer, aun así, puedo asegurar que saldré de esta.
—Un asesino no avisa cuando matará, solo lo hace y ya
Cito seriamente, en verdad puedo estar segura de que sí me hubiera querido matar, ya lo hubiera hecho sin necesidad del drama, alzo mi mano y la pongo sobre la que sostiene el cuchillo alejándolo de mi garganta, esta cede, me retiro los guantes y me giro en mis talones, lo miro a los ojos, pareciera no comprender la situación, su expresión seria, mandíbula tensa y manos a los costados me resultan un poco intimidantes más no se lo hago notar, llevo mis manos a sus mejillas.
—¿Cómo sabes que no soy yo la que te matará, Lui?
Veo una media sonrisa en su rostro, suelta el cuchillo y este cae al suelo, sus manos se posicionan sobre mi cintura y me acerca aún más a él.
—Eres la primera en mucho tiempo que me llama así.
—Lui.
Repito mientras le sonrío, sus ojos reflejan ternura, me acerco aún más a él, su aliento se funde con el mío, sé que mis mejillas están al rojo máximo, pero su mirada hipnótica me atrae aún más, sus labios rozan los míos y antes de besarlo se detiene a escasos milímetros.
—Te puedes arrepentir —murmura.
—No lo creo.
Nuestros labios chocan en un contacto que va aumentando de intensidad cada vez más, mis manos se cruzan detrás de su nuca, noto una especie de mariposeo en el estómago al igual que un delicioso calor que se extiende por todo mi cuerpo, se intensifica al sentir como su lengua acaricia mi labio inferior, abro mis labios dándole acceso y mi lengua se aventura explorando su boca, rozo sus colmillos, sé que está sonriendo por la forma en que se curvan sus labios, sin embargo no rompe el beso, de pronto comienza a abrirse hasta mi cuello, suelto un suave gemido al sentir como succiona cierta parte de la zona por donde pasa mi pulso, sus colmillos rozan levemente y se detiene.
—Lizzy —me llama en voz más ronca de lo normal.
—¿Sí?
—Debo irme.
—Adam.
Me toma por los hombros y me aleja, me mira con cierto dolor y suelta.
—Lo siento, no soy el chico que crees que soy.
Antes de que pueda reaccionar, sale corriendo del departamento azotando la puerta, me quedo parada en la cocina, confundida y con lágrimas escurriendo por mis mejillas, Adam sabe cómo desilusionar a una chica en menos de veinticuatro horas o, ¿Será que soy tan poca cosa que mejor se aleja? ya no sé ni que pensar.
[1] The Vampire Dairies (El diario de los vampiros o Diarios de vampiros en Hispanoamérica y Crónicas vampíricas en España): es una serie de televisión estadounidense de género dramático, creada por Kevin Williamson y basada en la saga de L. J. Smith.