Capítulo 1

3521 Words
Jamás creí que cambiara tanto mi vida después de la muerte de papá, ¿Cómo es que mi madre dejó de ser una mujer linda y ahora sea un monstruo?, en fin, no dejo de pensar en el día en que por fin pueda salirme de casa. —¡Hayley deja tu maldito aparato infernal y vámonos! Esa es mi madre gritándome desde el pasillo, saber que me llevará a casa de tía Clare me pone enferma; apago el portátil y me reviso en el espejo, veo a la chica en el reflejo, las ojeras son notorias, estos días he dormido poco gracias a la gripe, mi piel pálida, cabello marrón y mis ojos color verde aceituna, se opacan con mi aspecto en pijama de franela rosa y pantuflas, tengo algo de fiebre, definitivamente no iré. Camino saliendo de mi habitación arrastrando los pies, soy un paño de mocos, el pasillo se me hace enorme y ni se digan las escaleras, ¡Esos escalones son la muerte! La casa está bastante descuidada desde que mi padre no está, la pintura percudida en la pared, los pisos de madera sin pulir y los molestos rechinados de las puertas, eso sin mencionar las tuberías y fallos eléctricos. Solo hace tres años que murió papá, hace tres años que mi mala suerte inició, a pesar de que me dejó una gran herencia que obtendré al cumplir veintiuno y tengo una "madre," si así se le puede llamar, a la mujer que solo me reprocha que no le dejó nada papá, no puedo llenar el vacío que él dejó, peor aún, cuando el supuesto novio de mi madre vino a vivir a casa, es increíble cómo se olvidó de papá en dos años y para colmo hace seis meses trajo a vivir a este tipo aquí, bien podría ser mi hermano mayor, tengo veinte y él veintisiete, mi madre cuarenta, sé que para el amor no hay edad, pero ella exageró. Bajo las escaleras y estas crujen a cada paso que doy, me sujeto de la barandilla, me siento insegura con esta fiebre tan alta, al llegar al fin a la primera planta camino al living, el primero en verme es Tom, el novio de mamá. —¡Santo dios! ¿Te sientes bien Hayley? —No finjas amabilidad, Tom, estoy hecha una mierda con esta gripe. Estornudo ruidosamente, él niega con la cabeza y se levanta del sillón acercándose a mí, estira su mano y me toca la frente. —Estás ardiendo. —Quisieras —respondo divertida porque sé que le molestará mi respuesta, frunce el ceño y me reprime. —Es enserio, estás ardiendo en fiebre. —¡Oh demonios!, Hayley, te dije que te vistieras, niña tonta, debemos irnos. —Mamá me siento mal. Mi tapada nariz hace que mi voz suene extraña, ella se cruza de brazos, su corto cabello lacio y n***o se agita un poco y sus ojos grises se clavan en mí de manera inquisitiva. —Te dije que iríamos con tía Clare y te tenías que enfermar, estúpida. —No me llames así, yo no decido si enfermarme o no. —¡Si lo decides! te acuestas con tu feo cabello mojado. —¡No me grites! —¡Basta las dos! Hayley, ve a tu habitación, no irás a ningún lado con esa fiebre, Sarah, cariño. Veo como se acerca a mamá tomándola por los hombros, yo ruedo los ojos y antes de escuchar nada me giro en mis talones y camino de nuevo a mi habitación; los estornudos consecutivos hacen más tortuoso esto, cuando al fin llego abro la puerta de mi pieza, entro cerrando tras de mí y me dejo caer sobre la cama. No pasa la hora cuando escucho que tocan mi puerta. —Ya voy —respondo apenas, me siento peor, creo que la temperatura subió, camino a la puerta y al abrirla me topo con Tom. —Hayley, te traje un té y paracetamol.  Jamás se porta amable conmigo, siempre ha sido un patán, no sé qué trama, extiendo mis manos tomando la taza de té y la caja de pastillas. —Gracias, Tom —respondo, él solo me mira, me acerco a mi buró y lo dejo todo sobre él, haciendo espacio para que no se caiga, cuando me incorporo siento algo contra mi trasero, mis ojos se abren como platos, me toma por los hombros. —Eres preciosa, Hayley. —Por favor, no. —Hayley, tu madre es vieja, no me puede dar todo lo que quiero, sé que te gusto. —No, Tom, por favor, no te he hecho nada. —Claro que has hecho todo, me provocas, Hayley, tu perfume, tu caminar, todo me llama, solo tú puedes darme lo que quiero. Un escalofrío me recorre de la cabeza a los pies y de pronto me acaricia los brazos, no puedo aceptar esto, me agacho un poco, él jadea creyendo algo más, pero tomo la taza de té y me giro vaciándosela encima. —¡Ah, maldita perra! —grita cuando el líquido hirviendo quema su piel, pero antes de irse me da una bofetada y me toma por los hombros antes de moverme sacudiéndome. —Eso solo es una consecuencia Hayley, a la próxima no tendré piedad ¿Oíste? Yo solo lloro, jamás me había pegado, esto es peor de lo que pensé, ¿Y si vuelve a intentar hacerme algo? sí no me dejo es capaz de matarme a golpes, no puedo seguir así. —¿Oíste? Responde, perra. —Sí, si te oí —sollozo, escucho el motor de un auto, espero sea mamá, quizás sea mi salvación, Tom aún me tiene sujeta por los hombros, escuchamos risas y un azote de la puerta principal al cerrar. —Ya llegué. Escucho la voz de mamá, rezo para mis adentros por que suba a mi habitación, Tom solo me mira con el ceño fruncido. —Si abres la boca, te irá peor, no por mí, sino por ella, si te lo digo es porque no quiero que te corran de la casa. —Es mi casa, tengo más derecho yo que tú o mamá a estar aquí. —¿Que está pasando aquí? Desvío mi mirada a la puerta, mamá está justo ahí con los brazos en jarras. —Tu novio quiso abusar de mí —declaro sin importar lo dicho por Tom. —¡¿Qué?! —Tom me pegó y quiere que esté con él, eso pasa. Sollozo, pero ella no mueve ningún pelo, solo me mira e inesperadamente suelta la carcajada. —Hayley, Hayley, tú debes hacer lo que yo no puedo, y sí él quiere complacerse contigo, lo hará. Mis ojos se abren como platos ante tales palabras, ¿Cómo una madre es capaz de permitir eso? Tom me sonríe de medio lado y me suelta dando un paso hacia atrás, yo instintivamente retrocedo dos. —Mamá —digo en apenas un susurro, no puedo creer lo que acabo de escuchar. —De mamá nada, tú debes de darle a Tom lo que yo no puedo darle, te ofrecí para él, niña tonta. —¡No puedes hacerme esto! —No tenemos dinero, tu estúpido padre te dejó la herencia, pero la tendrás hasta los veintiuno, no tenemos fondos y Tom nos ha mantenido a ambas, justo es pagarle de alguna forma u otra. —¡No! —No discutas, Hayley, te puede ir peor. Advierte Tom, toma a mamá de la mano y juntos salen de mi habitación, yo me apresuro y cierro la puerta poniendo el pestillo y me recargo contra esta deslizándome al suelo mientras lloro. —¡Maldita sea! Golpeo el piso con mi puño, no quiero esto, en primera, porque jamás he estado con alguien y se supone que ese momento es especial, y en segunda, porque esto es una mierda, ¿Qué diablos pasa? mi madre se ha vuelto loca. Me limpio las lágrimas con el brazo y sorbo por mi nariz, me levanto del suelo, debo escapar sin que lo noten; Abro mi armario y tomo una maleta deportiva, tomo tres mudas de ropa de las repisas, las pongo dentro de esta y abro los cajones, tomo mis cosas de valor, entre ellas, un libro de cuentos, un pequeño alhajero y una corbata, me levanto y camino hacia el buró, saco el cajón de la parte de abajo y busco el compartimiento secreto que teníamos papá y yo, abro la pequeña tapa y saco una caja de madera, en ella fotos que logré salvar de papá, mis ahorros y un brazalete con mis iniciales HER.; Vuelvo a poner el cajón en su lugar y guardo la caja en la maleta, por último meto mi ordenador; No puedo irme en pijama, se supone que debo pasar desapercibida, así que camino al armario y me visto rápidamente con unos vaqueros, polera azul marino y zapatos deportivos, ato mi cabello en una coleta desordenada y ahora solo me queda esperar a la hora prudente en que ellos duerman.    ~~~~~~           ~~~~~~   Miro los números rojos brillando en el reloj, es la una y media de la madrugada, todo es silencio y obscuridad, no puedo salir de casa por la puerta principal, mi madre suele ir a tomar agua de noche y no quiero que me descubra, así que decidí aprovechar mis recursos y poder salir por mi ventana, estoy en un segundo piso, la ventaja es el árbol que da justamente hacia el balcón de mi habitación, me ajusto la maleta a la espalda, es pesada, pero no puedo arrojarla, pueden romperse mis pertenencias, o haría ruido y despertaría a mamá y Tom; Con cuidado abro el acceso, me encamino hacia la barandilla y me siento sobre esta con mis pies hacia el vacío. —Por favor, papá, no me dejes sola —susurro lanzando una plegaria, suelto una pesada respiración y me lanzo hacia una de las ramas, por suerte esta no se rompe, trato de no mirar hacia abajo, No mires abajo Hayley, no mires abajo, rezo el mantra en mi mente y bajo lentamente, suspiro al llegar a tierra y nerviosa comienzo a caminar, la calle está sola, recuerdo a la única persona que puede ayudarme, mi mejor amiga desde la infancia, Krista Anderson, hace unos meses se independizó de sus padres, ahora vive en un pequeño departamento por la calle Bourbon, tengo que caminar tres calles hasta su lugar, solo espero llegar a salvo. La noche es fresca, el otoño es evidente y no traigo una chaqueta para protegerme del frío,  solo espero no enfermar más, mi frente arde, tengo que llegar, tengo que llegar, digo en mi mente, solo queda una calle, me he tropezado con dos tipos ebrios, pero ignorarlos resultó, acelero el paso un poco más, pero la piel de mi nuca se eriza, creo que alguien me está siguiendo, trato de no dejar que el miedo se apodere de mí y camino más rápido,  solo tres locales y llegaré a los departamentos donde vive Krista, el pulso suena fuerte en mis oídos,  corro sin pensarlo y sin mirar atrás, pero me tropiezo y en vez de caer hacia el suelo, choco de frente con un chico que sale del bar, no veo su rostro, solo me sostengo fuerte de su chaqueta para no caer, además del miedo por quien sea que me persiga, de pronto escucho una voz profunda. —¡Wow! ¿Estás bien? —L- Lo siento yo... —balbuceo incorporándome, pero con mi mirada desviada al suelo, siento un dedo bajo mi mentón, alzo la vista algo nerviosa, su mano es de un frío extraño, más no me molesta el tacto y me sorprendo al ver a un chico atractivo como el infierno frente a mí, su piel es de un blanco sin igual, unos hermosos ojos azules y cabello n***o, alto, quizás un metro ochenta, cuerpo atlético o eso es lo que puedo apreciar con su imagen de chico malo con chaqueta de cuero y vaqueros ajustados. —No hay cuidado, es tarde para que alguien como tú esté caminando sola por la calle —dice quedamente, noto como da una vista rápida atrás de mí y frunce el ceño, trato de ignorar aquello —Vengo de emergencia, es mi amiga, vive en el edificio siguiente —alcanzo a decir sonrojándome, él asiente y me toma por el brazo para justo después encaminarme al edificio de cuatro plantas de color rojo óxido, o quizás sea que dejaron el color natural de los ladrillos, cuando llegamos a los escalones, se detiene y me suelta, lo miro algo nerviosa y solo recibo una mirada seria, suspiro y camino hasta la puerta. —Gracias, buenas noches —susurro de espaldas, doy un vistazo rápido, pero me sorprendo al notar que ya no está, seguro estoy alucinando por la fiebre, quizás ni siquiera lo vi realmente, sacudo mi cabeza y marco la clave en el interfono, en menos de un minuto, la voz somnolienta de Krista suena. —Espero sea una maldita emergencia, ¿Quién diablos molesta a esta hora? Sonrío y presiono el botón para responder. —Soy Hayley, ¿Puedo pasar? —suelto y espero respuesta, esta no llega, sí no que la puerta del edificio se abre y el rostro de Krista refleja pánico. —¡Mierda! está helando y tú sin nada encima, entra ya. Me toma por el brazo y me encamino entrando al edificio. —Krista no quise despertarte, pero... —Vamos a mi departamento y allá me cuentas todo —me silencia y caminamos rápido escaleras arriba, para mi buena suerte vive en el segundo piso; Al llegar, abre la puerta y entramos, cierra tras nosotras. —Ahora si habla, es tarde y seguro fue algo grave como para que vinieras aquí así. De pronto comienzo a hacer pucheros y me pongo a llorar, me acerco a ella y la abrazo. —Krista, es un infierno, un verdadero maldito y desgraciado infierno. —¡Ey! ¿Qué pasa? Tranquila. Me acaricia mi espalda abrazándome, yo solo puedo llorar y llorar, me separo un poco de ella y la miro a sus ojos que se llenan de preocupación. —Tom, ese maldito hijo de puta intentó violarme —digo en un lamento. —¡¿Qué?! Sus ojos se abren como platos, yo limpio mi nariz de forma poco femenina con mi brazo, aún tengo fiebre, ella sacude su cabeza. —Siéntate en la cama y cúbrete con la manta, debes tener frío. Asiento, a decir verdad, tengo bastante frío y me duele la cabeza, hago lo que me pide sentándome en el borde de la cama, me cubro con el floreado edredón y miro con atención cómo camina de aquí para allá en un intento por encender la cafetera, por mi cabeza pasan las imágenes del chico de ojos azules que me encaminó hasta aquí, quisiera saber si fue real o no, aunque, también deseo saber qué era lo que me perseguía. —Hayley, ¿Estás bien? —pregunta mi amiga sacándome de mi ensoñación, parpadeo y noto que trae una taza en las manos. —Sí, es solo que estoy enferma, la verdad tuve que huir de casa y se me olvidó la chaqueta, tengo gripe. —Entiendo, pero dime, ¿Qué pasa? ¿Le dijiste a tu mamá? Suelto una pesada respiración y tomo la taza de café que me ofrece, le doy un sorbo y decido decirle todo. —Krista, el idiota se me insinuó, cuando creí que me haría algo, llegó mamá, dijo que me iría peor si le decía, pero ignoré su advertencia y mamá nos encontró en mi habitación, solté todo, ella solo se rió y lo defendió, prácticamente me dijo que tenía que cumplirle a Tom con lo que ella no podía, me tenía que acostar con él si me lo pedía, no sé cómo mamá es capaz de hacerme esto. Mi labio inferior comienza a temblar, Krista se sienta a mi lado y me pasa un brazo por los hombros. —Sabes que estoy contigo siempre, eres mi mejor amiga, más que eso, somos como hermanas, si no he ido a tu casa es porque ese tipo no me daba buena espina y no me gustaba como me miraba, no quería tener problemas con tu madre, pero en vista de que se volvió loca, puedes quedarte conmigo, no es mucho espacio, pero estaremos bien. —Gracias, amiga. Sonrío triste mientras que limpio mis lágrimas, ella me acaricia el cabello y la frente. —Estás hirviendo, te traeré unos antigripales para que te sientas mejor, si gustas puedes tomar una de mis pijamas de la cómoda. Asiento y ella se levanta de su lugar, si algo tiene Krista es un cariño bastante maternal hacia mí y eso que somos de la edad, quizás porque siempre me vio vulnerable y hasta la fecha lo parezco, la escuálida chica pálida de cabello marrón al lado de la escultural chica de ojos grises y cabello rojo brillante, aunque originalmente era n***o, piel perfecta y curvas marcadas, es toda una modelo, en cambio yo, solo soy Hayley Roux. Me levanto de la cama y camino a la cómoda de madera, abro el primer cajón y tomo uno de los pijamas de franela, para ser precisa, el pijama de flores amarillas sobre un fondo morado, cierro el cajón y camino de vuelta a la cama, me siento quitándome los zapatos deportivos y calcetines, me incorporo quitando lo demás y comienzo a vestirme por el pantalón del pijama. —Ya encontré la caja, debo organizar ese botiquín, por cierto, ¿Qué planes tienes?, porque estoy segura de que te buscarán hasta en la escuela. —Lo mismo pensé, y no me buscará por ser una buena madre que cuide de su hija, sí no por ser el capricho de su amante. —Tranquila Hayley, yo te cubriré la espalda, te ausentas lo que resta de la semana y asunto arreglado, no quiero sonar cruel, pero se hartarán de buscarte. —No eres cruel, es la verdad y tu plan me gusta. —Por algo soy tu mejor amiga, siempre tengo buenas ideas. Me da un guiño y yo sonrío, Krista es definitivamente más que una amiga para mí. —Toma, son cada seis horas. —Se nota que estudias enfermería. —Como si tú no supieras sobre medicinas, tú me enseñaste. Sonrío, en verdad vamos juntas a enfermería, pero dejo lo de la escuela en la escuela y mi vida y demás aquí. —Sí, recuerdo que eras pésima hasta para pronunciar. —No es mi culpa, ¿Quién diablos les pone los nombres a los medicamentos? ¡Por dios! ¿Quién le puso Ketorolaco[1]? —No tengo ni la más remota idea, pero mejor vamos a dormir, no me siento bien. —¿Sigues hablando dormida? porque si lo haces no dejarás dormir —pregunta divertida, yo niego con la cabeza y tomo una almohada para arrojársela. —Tonta, yo no hablo dormida. Se agacha y toma la almohada del piso y me la arroja de vuelta. —Si lo haces, la semana pasada que te quedaste aquí, hablabas de Michael y su bonito trasero. Bueno, en verdad, Michael Gordon tiene un lindo trasero, en nuestra facultad están todas las licenciaturas que tengan que ver con el ramo de la salud, pero si con alguien convivimos son con los médicos, entre ellos Michael. —Pues sí, tiene un bello trasero, pero dudo haberlo dicho dormida. —¡Oh Michael! hazme tuya y muéstrame tú bello trasero, Michael —dice burlándose mientras yo me sonrojo al máximo apuñando mis manos, aún recuerdo ese sueño, me siento ridícula teniendo ese tipo de fantasías a mi edad, aunque mi situación de virginidad a los veinte me hace una leyenda, ¿Quien llega virgen a mi edad? soy como una criatura mítica, algo así como los hombres lobo, la banshee, el viejo del costal, los vampiros o el chupa cabras, sí, ya me imagino como un raro experimento de laboratorio fallido. —Ya, Hayley, solo era una broma, hasta yo me fijaría en Michael. —Sí, pero al contrario de ti, yo soy un desastre andando —digo refiriéndome a mi apariencia, no me considero del todo agraciada; ella se sienta a mi lado y me abraza. —Eres muy bonita, solo que no te das cuenta. Giro mi cabeza y la miro a los ojos. —¿Enserio lo crees? —Claro, tonta, sí no, no te lo estuviera diciendo, ahora a dormir porque mañana yo tengo que ir a la escuela y tú te ocultarás aquí, la ventaja es que la cama es grande y no me alcanzas a patear. Suelta la risotada, Krista tiene un humor contagioso, es un sol y la amo como a una hermana. Minutos después estamos en nuestros respectivos lados de la cama. —Buenas noches Hayley. —Descansa Krista. Apaga la lámpara de noche y cierro los ojos tratando de dormir. [1] Ketorolaco: Nombre de un analgésico 
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