Eduardo dejó de verla. —Es solo que... me llamó la atención que sea es tan delgada y no tengas ni un poco de panza. —¡Oye!, tú también estás delgado y comiste un montón. — Entonces estás prestando atención a lo que como ¿no? —dijo sugerente, moviendo las cejas y yo puse los ojos en blanco. —No me interesa la cantidad de piezas que comiste, la verdad es que no me interesa nada de ti —dije. Un silencio sepulcro... se instaló. Todos me observaron con disimulos, y el silencio duró varios segundos hasta que Melisa rompió el hielo. Todos comenzaron a hablar sin parar, y yo me sentí mal. Al ver el semblante triste de Eduardo. No me volvió a hablar, y en parte me sentí mal por eso. Tal vez me había excedido, pero cuando quise abrir mi boca para pedir disculpas alguien nos interrumpió. —¿

