No me quiero salir de ahí, me siento cómoda y calentita. —Ya... no está ocurriendo nada —comentó y yo me separé rápidamente. —Lo siento. —Pensé que te gustaban las películas de terror —dijo yo asentí. Emma, no podía ver la pantalla. Estaba detrás de un sillón, lo habíamos puesto a propósito, o mejor dicho yo, para que no tenga pesadillas. Ella estaba entretenida jugando con un montón de juguetes, Eduardo le había comprado y yo no sabía. —Gracias por los juguetes de Emma. —De nada, de alguna manera, hay que entretener a una bebé. —¿Ed, fuiste a comprarle juguetes mientras yo estaba desmayada..? —pregunté. Él se quedó observandome. —¿Pasa algo? —Me dijiste Ed. —Yo.. —La costumbre. —Si... ¿Y? —No, los busqué por encargue. En realidad me los trajeron. —Ya veo. —Entonces, ¿quie

