Derek despertó y se topó con el rostro de su mujer durmiendo profundamente, sus ojos cerrados, y su boca entre abierta y su pelo esparcido por la cama. Sonrió observándola, acarició su mejilla y sin despertarla la dejó un beso en la mejilla.
Cuando se intentó incorporarf, soltó un quejido de dolor y se volvió a tumbar. Se llevó las manos a la cara y soltó en aire. La caída le había dejado muy mal y al día siguiente estabas mucho peor, el dolor de espalda aumentó y casi no podía moverse. Si quería levantarse, tenía que hacerlo con ayuda. Si se levantaba solo, iba a ver las estrellas por culpa del dolor.
No quería despertar a su mujer, no quería molestarla para que le ayudase. Estaba tan bien durmiendo, que prefería hacerlo por él mismo.
Intentó otra vez levantarse, pero no pudo, seguía quejándose por el dolor tan fuerte de la espalda. Pero lo que provocó, fue despertar a Sophie. Ella se incorporó rápidamente y preocupada.
—Mi amor, ¿Qué haces? — preguntó, posando la mano en su pecho. —¿Te duele mucho?
—Es horrible, ayer no me dolía tanto. — se quejó, soltado un gemido. —Me tira mucho de los riñones y del cuello.
—Tenemos que llevarte al hospital, tal vez tenga algo que te haya ocasionado la caída. — él negó. —Aunque te niegues, te voy a llevar, aunque sea de las orejas. — Derek rio.
Cuando Sophie le curó y estuvieron preparandos, ambos salieron de la habitación. En el salón se encontraba sus padre y su hermano, James observó a su hermana, pero ella no lo hizo. Derek se sentó soportando el dolor y con ayuda de su mujer.
—¿Te duele aun más, hijo? — preguntó Abigail. —¿Cómo lo tienes?
—Lo tiene rojo y morado. — intervino Sophie. —No se puede ni mover, así qué, le llevaré al hospital.
—No exageres, nena. Solo fue el golpe. — dijo Derek. —No es nada, solo fui cabezón por querer montar a ese caballo.
—¿Montaste a Bestia? — preguntó James sorprendido. —Ese caballo es imposible de domar, llevamos con él mucho tiempo y no se deja montar, aún me explico porque es así. — explicó.
—Cuando un caballo se vuelve así, es porque sufrió un maltrato. — Derek se sirvió el café a su gusto, mientras hablaba. —Solo hay que tener paciencia.
—No lo sé, pero creo que mis padres deberían venderlo. — exclamó. —Mírate, un poco más y te mata.
—Si, quiso pisarme, menos mal que me moví. — respondió. —Pero no creo que haga falta venderlo.
—No van a vender a Bestia, solo hay que hacerle entender que nosotros no vamos hacerle daño. — siseó Sophie. —Si él recibió palizas, es normal que desconfíe.
Sophie amaba a los caballos, a los animales en general. Era cierto que era muy rebelde e imposible de domarlo, pero si recibió palizas y maltratos, es lógico y normal que sea así. Era como una persona, cuando la traicionan o le mienten. Se vuelve distante y le cuesta volver a confiar.
—Los caballos son como las personas, si lo maltratas y rompes su confianza, se vuelve indiferente. — su hermano la miró con los ojos entrecerrados, parecía que lo había dicho por él.
—¿Eso va por mi? — preguntó interesado.
—Basta, cambiemos de tema. — intervino Christopher. —¿Qué os apetece hacer?
—Lo que sea, siempre cuando no sea de moverme mucho. — el señor sonrió —Casi no me puedo mover.
—Si, tranquilo. — dijo. —Haremos planes suaves.
Derek se sentía agusto con su familia política, eran amables y educados. Le había aceptado y su suegra era un dulzura de mujer. Aunque decían que las personas más calladas, más dulces y alegres, tenía el temperamento fuerte. Sophie era igual, era risueña y carismática, pero cuando su paciencia llegaba a su límite, su carácter era muy fuertes.
Cuando acabaron, Sophie fue al despacho y su hermano mayor, la siguió. Quería hablar con ella, quería su perdón y que volvieran a ser lo de antes. James cerró la puerta y Sophie miró, se encontró con su hermano observándola, ella por lo contrario arrugó su ceño.
—¿Qué quieres, James? — preguntó mirándole y cruzándose de brazos.
—Me gustaría hablar contigo. — ella asintió. —Sé que estás enfadads conmigo y sé que hice mal, pero me duele no tener a mi hermana y que me odie.
—Un momento, yo no te odio, James. Eres mi hermano, siempre contaré contigo, lo sé. — respondió. —Solo estoy dolida y decepcionada, jamás imaginé, que mi hermano fuese capaz de alejarse de su famila por una mujer. — James se acercó a ella. —Sé que muchas veces, por amor hacemos muchas locuras. Pero no sabes las veces que te necesité y no estuviste.
—Y no sabes cómo me arrepiento, me arrepiento por haber tomado esa decisión, por hacer caso a esa mujer. — James tenía sus ojos brillosos. —Perdoname, por favor. Seamos los hermanos de antes, los que siempre estaban juntos y jugaban todo el tiempo.
—James, siempre estaré para ti, en las buenas y en las malas. — le sonrió. —Siempre estaré aquí, y jamás voy a irme. — James la abrazó. —Mi hermanito, cuanto te extrañe.
—Y yo a ti, zafiro. — siempre la llamo así, ese era su mote.
Derek les había observado y sonreía desde la puerta, se alegraba que su esposa hiciera las paces con su hermano.
En Alemania, la ex reina estaba junto a una mujer joven tomando Café. Era una mujer joven y bella y ambas sonreían.
—¿Usted cree que su hijo se fijará en mi? — preguntó la mujer.
—Eres bella, claro que sí. Solo haz que mi nuera crea que él tiene un amante y lo dejé. — respondió. —Haz lo que sea, me da igual. Mientras ella crea que Derek tiene un amante.
—Su hijo jamás me observó, si, es educado pero jamás me presto atención. — la ex reina sonrió.
—Tu solo haz lo que he dicho, haz que tenga tu pintalabios en la camisa, que huela a ti. — ella asintió. —Haz que llegue tarde, pero antes, ella debe conocerte. Que sepa como hueles y como el color de tu pintalabios.
—Asi lo haré. — sonrió.
—Mi hijo vuelve pronto, yo he avisaré.
La reina estaba haciendo hasta lo imposible por separar a su hijo de si Sophie, era capaz hasta de meter una mujer por sus ojos, aunque sabía que Derek tenía solo ojos para su mujer. Pero la daba igual, quería sacarla de su vida e iba a salirse con la suya sin importarle a quien destrozara.