Capítulo//11

1156 Words
Derek esperaba una respuesta por parte de ella, pero por su boca, no salía... Seguía en silencio. Sophie no sabía cómo explicarle, como se lo diría. Ver a su esposo frente a ella mirándola fijamente, la ponía nerviosa. —Sophie, ¿Me dirás algo? — ella le miró, tragando saliva. —Sophie, por favor. —Es que no sé si vas a entenderlo. — susurró bajando la mirada. —Inténtalo. — se acercó y se sentó en el borde de la cama. —¿Te acuerdas de la fiesta de disfraces? — él asintió. —Ahí no estabas casado ni comprometido, bailamos y empezamos hablar. —¿Eres la chica del antifaz de blanco. — ella asintió con una sonrisa. —Cierto, era un hombre soltero. Me había gustado tu compañía, pero no supe ni tú nombre. — ella mordió sus labios. —Me gustaste, ¿Por qué nunca me lo dijiste? —Me había animado a ir Alemania y conquistarte, lo hice. Cuando vi que en tu casa, se necesitaba empleada, no perdí la oportunidad. Eso sí, me hicieron miles de preguntas y seguramente me habían investigado. Pero llegué tarde, tú estabas comprometido. — se puso triste. —Ya no podía hacer nada, no iba a meterme en medio y te veía muy feliz. Tampoco podía dejar el trabajo, no podía dejar de verte. Aunque te veía feliz con ella. —Lo siento, nena. — se disculpó. —Te busqué, pero eras un fantasma, no había nada de tí. — ella asintió. —Pero conocí a Jade y bueno... Ya sabes el después. Pero mira ahora, estamos casados, juntos. — la acarició la mejilla. —Por fin tengo a la mujer misteriosa que tanto busqué. — la besó. —Te haré feliz. —¿No estás enfadado? — él arrugó su ceño. —¿Por eso? Que va, al contrario. Ya sé toda la verdad y estoy con la mujer que busqué. — se miraron a los ojos. —Pero tengo una duda, ¿Si te investigaron? ¿Por qué nunca supimos quién eras? —Mis padres siempre me tenían en un enigma, siempre desde muy pequeña. Los empresarios eran ellos, no yo. Por eso solo se podía ver lo que nosotros queríamos que se viera. — él asintió. —Pero por favor, no digas nada, guarda el secreto. —¿Por qué? ¿Por qué quieres seguir en el anonimato? — preguntó interesado. —Bueno, dentro de nada, ya no seré una anónima. Cuando sepan que yo estoy casado con el rey de Alemania, ya contaré quien soy, pero más adelante. — él asintió sin entender aquello, pero le haría ese favor. —De acuerdo, pero me gustaría saberlo. — se levantó. —¿Vamos a comer? — ella asintió. —Te espero a que te arregles. Era el último día en la Vegas, ambos regresarían a Alemania y ella retrasaría como reina. Sabía que todo iba a ser un volcán en erupción, porque la madre pondría el grito en el cielo. Pero lo bueno de esto, es que ella tenía la protección de Derek y de las personas que la apreciaban. No se iba a rendir, amaba a ese hombre y haría por él lo que fuese. Había pasado la mejor noche de su vida, con él perdió su pureza, su gran tesoro. Pero lo perdió con el amor de su vida, con el hombre que amaba y no se arrepentía. Salieron del hotel y fueron dando vueltas y conociendo sitios, aunque el las vegas mucho no podía ver. Pero Derek vio un restaurante muy elegante y con gente, cogió a su mujer de la mano y fue hacia el lugar. —Hola, buenas tardes. — saludó Derek. —¿Hay mesa para dos? —Si, síganme. — respondió el camarero y fueron tras él. El camarero les dejó en una mesa, justo en la ventana. Se pusieron uno en frente del otro, mirándose con una sonrisa. —¿Desean algo especial para beber? — les preguntó el camarero, con una sonrisa. —Para un vino blanco y para ella... —Para mi un Martini. — el camarero asintió y se alejó de la mesa. —¿Qué te pasa? Te veo muy pensativa. — la cogió de la mano y ella le miró. —¿Estás preocupada por algo? —Por todo, por la reacción de tu madre. Sé que hará lo imposible para separarnos y no quiero eso Derek. — él negó. —Tambien mi familia, saber que me casé a escondidas como si estuviese cometiendo un delito. —No, por mi madre no te preocupes, yo me encargo de ella y no tiene porque meterse en mi vida. — ella asintió, no muy convencida. —A tus padres, se lo explicaremos. Solo dime cómo son, si son como mi madre o no. —Ellos gracias a dios y perdona que lo diga así, no son tan engreídos y materialistas como tu madre. — dijo. —Ellos son adorables, ellos son unas personas que desean la felicidad de sus hijos y sé que me entenderán. Ellos sabían porque vine a Alemania, jamás les he ocultado nada. Bueno... Esto si, pero les explicaré todo. — explicó con una sonrisa. —Les echo de menos, necesito los consejos de mi madre, los abrazos de mi padre. —Si, son muy diferentes a mí madre. — estuvo de acuerdo, lo explicó con una sonrisa. —Espero conocerles, cuando tú quieras. — ella asintió. —¿Cuando irás a verles? —Me iré el fin de semana, había quedado con mis padres. — él asintió. —Vente y te los presento y ya les decimos todo. —¿Segura? — ella asintió. —Pues iré contigo. El camarero llegó con sus copas y se volvió a ir, dejando al matrimonio solo otra vez. Sophie quería que Derek supiera todo de ella, pero aún no podía decirle porque la ocultaban, porque borró casi todo de sus hija de los sistemas y de las cámaras. Aún no podía decirle todo, no hasta esta segura de ello. —Brindemos. — dijo Derek levantado su copa. —Por nosotros, por nuestra felicidad, por nuestro matrimonio y por haber encontrado a la mujer misteriosa. — ella rio a carcajadas. —¿Ahora me llamaras así? — preguntó con burla. —He tenido que callarmelo. —¿Por qué? Me alegra saberlo y saber todo. El destino es un dilema, tener a la chica que busqué frente a mi, siendo mi esposa, me... Me enorgullece. — ella mordió su labio. —Dicen, que cuando dos personas están destinadas a estar juntas, el destino las vuelve a unir. Si en el pasado no pudieron estar juntas, tarde o temprano, nos unirá. — Derek Sonrió para después morder su labio. —Pues le doy gracias al destino, pero está maravillosa sorpresa. — la miró con melancolía y ella se sonrojó. —Por nosotros.
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