Sophie dejó la maleta en la puerta, esperando a que Derek llegará. Estaba emocionada, sin borrar la sonrisa de sus labios. Iba a ser la esposa de Derek, del hombre que amaba.
Miró su reloj de la muñeca y en poco minutos, Derek llegaría. Se sentó en el sofá y se tumbó.
Derek iba de camino, él miraba por la ventanilla del coche, sonreía mordiendo su labio inferior. Iba a las Vegas para casarse rápido con ella, para convertirla en su esposa. Aunque el mundo se oponga, él cuidaría de ella y la daría su lugar.
Cuando llegó, subió a buscarla. Llamó a la puerta y esa misma puerta, no tardó mucho en abrirse. Ella estaba frente a él y ambos se sonrieron.
—¿Estás preparada para nuestro gran paso? — preguntó y ella asintió. —Dame la maleta, la llevo yo.
Rumbo al jet, ella se mantenía en silencio. Estaba nerviosa y a la vez feliz al mismo tiempo. Derek la observaba de vez en cuando, la veía mirando por la ventanilla, mirando las calles de Alemania y la notaba nerviosa. La cogió de la mano para tranquilizarla, ella le miró y le sonrió.
—Relájate, calma los nervios. — ella asintió, mordiendo su labio.
—Lo sé, los nervios me tienen un poco... No sé... ¿Asustada? — respondió. —Pero estoy feliz, del paso que vamos a dar.
—Yo también estoy nervioso, pero sin poder borrar la sonrisa de mi boca. — Sophie, se sonrojó. —En poco tiempo seremos un matrimonio.
—Sé que casarnos, va a provocar un caos en tu casa y en la familia. — él negó, realmente eso no le importaba.
—No me importa, Sophie. — la cogió de la mano. —Solo quiero ser tu esposo.
—Y yo también. — Derek se acercó a ella y la besó con fervor.
Cuando llegaron al avión privado, Derek la ayudó a salir del coche. La cogió de la mano y juntos, subieron al jet. Se pusieron uno en frente del otro, mientras la azafata, se acercó para servirles una copa de champagne.
Ambos brindaron por su matrimonio, querían que saliera bien, que no fallara nada. Él no quería romper otro matrimonio y ella lo amaba y la iba a cuidar.
—Ponte el cinturón, en poco segundos, despegaremos. — dijo, con una sonrisa y ella obedeció.
Para Sophie era todo un cuento de hadas, todo iba a la perfección. Saber que ese hombre que tenía en frente, iba a ser su marido, le llenaba de emociones y cosquillas en el estómago.
Durante el camino a las Vegas, ellos se iban conociendo. Sophie no le contaba, que era la hija de los empresarios más importantes de Nueva York, quería mantenerlo en secreto. era lo mejor, quería que él la conociera por quién era y no de donde viene.
—¿No echas de menos a tu familia? ¿Has pensado en regresar a Nueva York? — preguntó, llevándose la copa a sus labios.
—Si, hablé con mi madre e iré a verla en unos días. — él asintió. —Les echo mucho de menos.
—Me imagino, la familia es tu apoyo... Al menos, así debería ser. — ella sabía que se refería a su madre.
Derek no tenía el apoyo de su madre, a ella solo le importaba el estatus y la realeza. No la gustaba la gente pobre, solo la gente importante y con dinero, era de su agrado. Ambos sabían que casarse, iba a ser un caos. Ella pondría el grito en el cielo, pero de todas formas, a ellos no les importaba.
Ella tenía que ser fuerte, ella tenía carácter, pero no lo sacaba y no sabía porque. Tal vez, porque tenías que acabarla por completo.
Después de unas horas, ellos estaban en el hotel. Derek había salido para organizar su boda y que todo estuviese en orden. Sophie sacaba su vestido blanco de la maleta, era liso y largo. Era estrecho y de tirantes. Unos zapatos blanco altos y su pelo suelto alisado.
Derek entro a la habitación y la encontró con ese vestido, no podía negar que Sophie era hermosa. Ese vestido la quedaba como anillo al dedo... Pensar que esa mujer iba ser su esposa. Que está noche, sería suya, iba a ser su reina.
La veía tan hermosa con ese vestido, marcando sus curvas, tan elegante y bella.
Sophie se giró y se tomó, con su futuro esposo. La observaba, con una sonrisa. Ella sonrió nerviosa, bajando la mirada. Derek caminó hasta ella, la cogió de la mano y la dio un beso en el dorso.
—Estas hermosa, nena. — Sophie mordió su labio. —Ese vestido, te queda fenomenal.
—Gracias, tú también estás muy guapo. — sus nervios se podrían notar, las manos le sudaban y mordió su labio repetidamente. —¿A qué hora iremos?
—Pues... Ya. — respondió. —Vamos, que en unos minutos, serás mi esposa.
Salieron de la habitación, cogidos de la mano, yendo hacia el ascensor. Sin perder tiempo, caminaban hacia los ascensores. Derek presionó el botón y el ascensor, se abrió. Ellos entraron. Había gente en ese lugar, aunque estaban acostumbrados. Muchos famosos iban y pasaban los días en las Vegas. Sabían quién era ese hombre, sabían que era el rey de Alemania.
Bajaron del ascensor y caminaron, hasta el lugar donde se iban a casar. Cuando llegaron, había un hombre con traje, esperándoles. Ellos caminaron hasta él y se pusieron en frente, el hombre les sonrió con amabilidad.
Casarse en las Vegas no era como casarse en una iglesia. Tenían validez para casarte, pero no era igual. Pero si valía, como para convertirse en marido y mujer. Ellos se pusieron frente a frente, cogiéndose de las manos.
—Yo, Derek Meyer Schneider. Te acepto a tí, Sophie Collins Evans, como mi esposa. Cómo mi compañera de vida, para serte fiel. Estar junto a tí, en salud y en la enfermedad. En la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe. — dijo colocando el anillo en su dedo izquierdo.
—Yo, Sophie Collins Evans. Te acepto a tí, Derek Meyer Schneider, como mi esposo, Cómo mi compañero de vida, para serte fiel. Estar junto a tí, en salud y en la enfermedad. En la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe. — dijo colocando el anillo en su dedo izquierdo.
Ellos se besaron, uniendo sus vidas. En las Vegas, ellos se había casado, a escondidas del mundo. Derek la besó, porque ella ya era su esposa, su reina y su compañera.
Ambos estaban Felices, porque unieron sus almas.