Capítulo/17

1099 Words
El matrimonio desayunaban con Abigail y Christopher, en aquel jardín de revista. Los padres habían aceptado a Derek, les había tomado por sorpresa la noticia, pero ella fue por él. Le gustó tanto ese muchacho, que fue a conquistarlo y lo logró. Después de que ambos tuviesen una mañana llena de pasión y placer, desayunaban alegremente. —Hemos tenido una idea, para pasar unos días en familia. — dijo Abigail, llamando la atención del matrimonio. —Nos vamos a Tennessee. —¿Tennessee? — repitió Sophie. —Si, hacen tiempo que no vamos. — respondió la madre. —¿Van mucho a Tennessee? — preguntó esta vez Derek. —Si, tenemos una casa, con caballos y piscina. — Derek asintió. —Pues lo que diga Sophie, por mi estupendo. Siempre quise ir a Tennessee, pero por tiempo nunca iba. — Sophie le miró. —Y me chiflan los caballos. —Pues que no se hable más, está tarde nos vamos. — el matrimonio arrugaron el ceño. —No me miréis así, hay que hacerlo rápido. —De acuerdo. — dijeron. En Alemania, la madre de Derek estaba guardando las pastillas anticonceptivas. Clara las había conseguido, pero se arrepentía de habérselas dado. Clara limpiaba el salón totalmente en silencio, ida, como si estuviese en otro mundo. Escuchó unos pasos y miró de reojo, se encontró con la ex reina con una sonrisa. —Clara, gracias por darme esas pastillas, cuando ellos vuelvas las echaremos. — Clara se mantuvo callada. —Yo te daré todas los días una pastilla y se las pondrás. —Señora, pero tengo una duda. ¿Que pasa si ella ya está embarazada? Es decir, ha tenido relaciones sin cuidarse, fácilmente que ya lo este. — dijo ella en voz baja. —¿Y qué? Si está o no embarazada no es mi problema, si esta embarazada tendrá la mala suerte de que ese bebé inmundo muera. — Clara tragó saliva. —Si aborta, me da igual. La quiero sacar de mi vida y se está esperando un bicho, pues que se muera. Ya hay mucho niños, uno menos, nadie lo notará. —Señora, sería su nieto. — exclamó está. —Sangre de su sangre. — ella rio. —Le provocará un dolor inmenso a su hijo y al chica. —Si ese bebé, está en el vientre de ella, no es mi nieto. — bramó. —Mi nieto tiene que ser de sangre real y con unos padres de buena esencia, de buena fama y con títulos importantes. — se acercó más a ella. —Tú solo haz lo que te pedí y de lo que venga después, será del destino. La ex reina se fue dejando a Clara totalmente temblando, esa mujer está cruel, era el diablo disfrazado de mujer. No iba a permitir que ese bebé muriese, si estaba en sus manos salvarlo, lo haría. Ella podría ser envidiosa, caprichosa, pero jamás le quitaría la vida a nadie y menos a un ser inocente. Sophie nunca la hizo nada, ella era buena, dulce y no sé merecía que la hicieran daño. Así que, si Sophie estaba embarazada, esas pastillas jamás llegarán al zumo. «Te voy a cuidar Sophie, te lo prometo.» Pensó ella. «Te prometo que ese bebé, que seguramente ya estás esperando, seguirá creciendo en tu interior.» Realmente Clara no era mala, solo que la envidia y para caer bien a su jefa, hacia esas cosas. Pero a darse cuenta que esa mujer no tenía alma, no tenía compasión ni por su propio nieto, ya sabia de corte estaba echa. Si era así con alguien de su propia sangre, con uno que no llevará la misma, sería un demonio. Sophie no era mala, no pidió estar casada con Derek. Él la eligió, él era feliz con ella. ¿Por qué no lo veía? Cualquier madre sería feliz viendo a su hijo feliz, construyendo una familia. ¿Por qué odiaba tanto a Sophie? ¿Solo porque era pobre? No, algo más gordo tenía que ser, algo más oscuro. Esa mujer por separar a Derek de Sophie, era capaz de arrasar contra el mundo e incluso, estaba supuesta a matar a su propio nieto. Por otra parte, ambos matrimonios llegaron a su destino. Habia una casa blanca y grande en medio de aquel círculo verde. Lleno de árboles, un gran jardín de revista. Un camino de piedra blanca, con pequeñas luces haciendo un camino. Mientras avanzabas, unas casitas rojas donde estaban los caballos. Los chicos que cuidaban de ellos, les montaban y les cuidaba. Derek camino hasta la valla blanca y miró a los caballos, pero se fijo en uno color n***o. Tenía un porte elegante, su pelo era n***o azabache, fuerte y era precioso. —Se llama Bestia. — la voz de su suegro le hizo mirarle. —Es un animal, casi no se deja montar y cuando se deja te lleva por los aires. —Es precioso. — respondió. —¿Por qué le pusiste ese hombre? —Porque es rebelde, no se deja montar y es una bestia. — él asintió. —No podré montarle, ¿No? — preguntó con una sonrisa. —Si no quieres acabar en el suelo y pisoteado, no. — le dio una palmadita en el hombro y ambos se alejaron de allí. Cuando entraron en la casa, Sophie entró antes que su esposo y Derek miró la casa. Su madre tenía unos gustos exquisitos, había mucha luz, decorado elegantemente y de diseño. Sophie y Derek subieron a su habitación, hacia años que no pisaba esa casa. Todo estaba igual, como lo dejo la última vez que fue. Con sus peluches, sus dibujos pegados en la pared. Ella sonrió porque le vino recuerdos hermosos, con su abuela, con su hermano. Derek la abrazó por detrás y la dejó besos en el cuello. —Me enamorado de este sitio. — ella sonrió. —Un clima estupendo, sol, naturaleza y caballos. — ella se giró. —Y como no, con mi hermosa esposa. —Eres un pelota. — se carcajeó. —Pero aún así, en haces feliz. —Y tú a mí, me haces muy feliz, Sophie. Jamás lo estado como lo estoy contigo, me encanta mi matrimonio Contigo. Me gusta que hablemos de todo, que no haya secreto y que haya amor de por medio. — Sophie le miró con los ojos entrecerrados. —¿Eso quiere decir que me amas? — preguntó mordiéndose el labio. Derek se acercó a su oído, erizando la piel de su esposa. —Me estoy enamorando de ti, Liebe. — y la besó.
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