Capítulo Ocho.

1170 Words

El sol se filtraba entre los ventanales del restaurante con un brillo dorado, bañando la mesa donde lo esperaban dos tazas de café humeante. El señor Cross estaba ahí, con su camisa blanca bien planchada, los primeros botones abiertos y el reloj de cuero que su hijo solía robarle cuando era adolescente. No tenía cara de jefe hoy. Tenía cara de padre. Cross Jr. llegó puntual, impecable como siempre, pero con ese gesto que solo mostraba cuando lo sacaban de la cama antes de las nueve. — ¿Otra vez este lugar? — Dijo, dejándose caer en la silla. — Juro que el chef te da comisión. — El señor sonrió sin levantar la vista del menú. — El chef me debe una vida. Pero vine por ti, no por él. — Dominic alzó la ceja, tomó su taza. — ¿Qué te dijeron? — Preguntó con calma, directo. El señor lo miró

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