Capítulo 5

1473 Words
El viento movía mis cabellos hacía un lado, dificultando un poco mi visión. El sol estaba más caliente y mi piel ya se tornaba un poco roja. Esperé unos segundos a que la intensidad del viento se redujera, y luego saqué una flecha del carcaj que reposaba a un lado de pierna derecha, la coloque sobre el arco y doble mi brazo a la altura de mi mentón mientras jalé la cuerda creando la tensión para que saliera disparada con fuerza, cerre mi ojo izquierdo y con el derecho dirigí la punta de la flecha hasta el centro del blanco. Una vez segura que daría en el lugar correcto solté la cuerda y la flecha salió disparada, en menos de dos segundos ya se encontraba clavada a dos centímetros del centro. Sonreí victoriosa al ver que mi flecha era la que estaba más cerca, me volteé para ver al pelinegro, el arrojó el arco al mismo tiempo maldecía, mientras que el castaño solo se encogió de hombros y empezó a buscar su billetera. Estiré mi mano esperando que me pagaran lo que habíamos apostado, una vez tuve el dinero, lo guarde en el bolsillo de mi falda. — Fue un placer apostar contra ustedes — Ambos se despiden y se van. Me siento sobre la grama y coloco el arco a un lado. Miro a Sophie y ella esta sumida en sus pensamientos, su cara muestra preocupación, estoy a punto de hablar pero ella se me adelanta. — Creo que no fue una buena idea, Oliv — Habla con tono de preocupación. Mi ceño se frunce — ¿No fue buena idea aprovecharnos de esos dos estúpidos?, yo creo que fue buena, acabo de ganar veinte dólares, podemos comprar... —Eso no, me refiero a que no fue una buena idea el que faltaramos a clases. Ah, claro. Eso tiene más sentido viniendo de ella. Cinco horas antes. Mí cabeza dolía, dolía bastante, era como si me estuvieran dando golpes con un martillo por todo lados, y los gritos de mí madre no ayudaban para nada. Me coloqué unas gafas negras para ocultar mis ojeras y el color rojizo que traían mis ojos. Baje las escaleras y con cada paso que daba los gritos de mí madre se sentían con más intensidad, y lastimosamente venían acompañado con una punzada en mí cabeza. De malas ganas me senté en la mesa, apoyé mí mentón en mí mano y observé todo en la mesa, desde las tostadas hasta los waffles, pero no apetecía nada, solo tenía sed. Cómo si me padre me leyera la mente, me paso un vaso lleno de jugo de lima, le agradecí con una sonrisa y me bebí todo de un solo trago. Unos pasos resonaron por la escalera, un minuto después John entraba al comedor con una gran sonrisa que iba dirigida a mí. Si supieras lo que te espera no estuvieras tan feliz, maldito teletubbie. Mamá colocó un plato con puras frutas picadas frente a mí, no tenía ganas de discutir o chantajear al pequeño descerebrado para cambiar de platos, por lo tanto tomé el tenedor y comí en completo silencio. Me terminé hasta el último trozo de frutilla, y mí teléfono sonó de inmediato. Lo revise enseguida y era un mensaje de Sophie. Ya estoy afuera de tu casa. Guardé al artefacto y me levanté de la mesa, acomodé y mochila sobre mis hombros y salí de mí casa sin decir nada. Le había pedido a Sophie que pasará a recogerme hasta que tuviera autorizado el uso de mí auto, porque la idea de ir con Adam a diario y caminar una cuadra para que no me vean con él, no era para nada tentadora, y mucho menos si eso incluía sus insinuaciones o intentos fallidos de seducirme. Subí rápidamente al auto y me encontré con una versión barata de mí amiga. No parecía ella, su cabello no estaba perfectamente peinado, estaba revuelto como si un par de pájaros hubieran peleado ahí, unos enormes ojeras cubrían su rostro, y no portaba ni una sola gota de maquillaje, al parecer no fui la única que se pasó de tragos. — Buenos días — Su tono era flojo, se notaba que no había dormido mucho. — ¿Qué tiene de buenos?— Ella no respondió y solo puso en marcha el auto. Ninguna de las dos tenía ganas de mencionar una sola palabra, todo estaba en completo silencio, incluso la radio estaba apagada. Nos detuvimos en un semáforo, Sophie aprovechó y estiró su brazo hacía los asientos de atrás y luego me paso una bolsa blanca con el logo de una farmacia. Dentro de esta se encontraba una botella de agua con una pastilla para la resaca, no dude ni un segundo y la tomé. Solo faltaban dos calles para llegar al colegio, mis ganas de asistir eran nulas, prefería una y mil veces haberme quedado en mí cama por unas ocho horas para luego llenar mí estómago con pura comida chatarra. Sophie estaba apunto de entrar al estacionamiento cuando la detuve. Sabía que ella al igual que yo estaba muriendo de dolor y que no deseaba ni un poco que le llenarán el cerebro con un información que olvidaría después del examen. — No asistamos hoy — Solté de golpe. Ella abrió sus ojos con horror. Debo admitir que amaba todo de ella, excepto el hecho de que era una estudiante súper aplicada, siempre presentaba todo impecable, con buena ortografía, no había tarea que no presentará ni día en que ella faltará. Hacer algo malo era como cortarse profundamente para ella. Era como un ángel de Dios, y yo era el demonio que la guiaba por el camino del mal. — No. Notarán nuestra ausencia y llamarán a nuestros padres — Bufé. — No seas una completa exagerada, apenas es la primera semana de clases, no toman asistencia — Ella pareció considerarlo. Ví el temor en sus ojos, y la duda invadió su rostro — ¿ Qué dices?, ¿Seremos unas chicas malas y vamos ausentarnos hoy? — Pregunté con picardía. — Está bien. Solo hoy. Nos alejamos del colegio y por sugerencia mía decidimos dormir un poco dentro del auto en el estacionamiento del cine hasta que lo abrieran. Alguien comenzó a repartir leves palmadas en mi mejilla, cada vez se volvía más molesto, abrí los ojos con pesadez y me encontré con el rostro de Sophie, al verme despierta detuvo su acción. — Ya abrieron el cine — Asentí. Me incorporé en el asiento y limpie el rastro de saliva que había sobre mi mejilla. Miré la entrada del cine y era cierto, ya estaba abierto. El reloj digital en el tablero del auto indicaban las diez de la mañana, habíamos dormido dos horas, dos horas que sin duda alguna fueron de mucha ayuda. Saqué dinero de mochila y lo guardé en mi bolsillo, salí del auto y Sophie me siguió. Caminamos en completo silencio. Una vez adentro nos repartimos, ella fue por comestibles y yo a comprar las entradas. Como era temprano y entre semana no había muchas personas, estaba prácticamente vacío. Después de un largo debate de que mirar, me decidí por una terror, pagué las entradas y me junte con Sophie en el puesto de dulces. — ¿Qué haremos después de esto? — Pregunto curiosa. Me pasó mi bebida junto a una bolsa de gomitas — La película dura como dos horas, iremos a comer algo y después podemos ir al tiro al blanco, hace tiempo no voy allí. Ella asiente y caminamos hasta la sala donde exibiran la película. Actualidad —Solo relájate. Disfruta y olvídate de todo — Palmeó su hombro. — ¿Ya me dirás en dónde te metiste anoche? Había tratado de sacarle esa información durante la hora que estuvimos en el restaurante pero se había empeñado en evitar el tema. Ante mi pregunta se puso nerviosa, empezó a jugar con su largo cabello y evitaba mi mirada. — Yo... he ... Mmm — Abría la boca pero no lograba decir nada coherente. Puse mi mano en su hombro en señal que podía decirme cualquier cosa y ella sonrió aún nerviosa — Estuve con José, el chico del otro día — Sonrió tímida. — Uuuu — Mi tono era juguetón y le dí un leve codazo en juego — ¿Jugaron a las manitas sudadas?, Dime que rompiste un par de reglas — Moví mis cejas de arriba abajo haciendo que sus mejillas se tiñeran rojizas. Le quite la botella de agua a Sophie y empecé a beber de esta. — En realidad... — Dudó por unos momentos en responder pero luego siguió — Me acosté con él — Estaba bebiendo tranquilamente pero cuando escuché sus palabras escupí todo de manera dramática. — ¡¿Qué tú qué?!
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