No sé si me puedan creer, siendo sincero a veces ni yo lo hago; es algo tan absurdamente imposible que da miedo verlo en la realidad.
Todo comenzó una noche tranquila, o eso pensaba que sería; hasta que aquello sucedió.
Fue tan real, tan escalofriante que desperté de un brinco y ahí estaba, observando, esperando el mejor momento para atacar.
Yo era su presa, a la que tenía acorralada, sus enormes garras no dejaban un solo espacio para escapar; sus enormes ojos rojos te penetraban tan escalofriantemente haciendo que el cuerpo dejará de moverse.
Su sonrisa tan aterradora dejaba ver sus dientes afilados.
Ahí estaba y no era un sueño, aquella bestia posaba sobre mi; aquel demonio me tenía a su Merced.
No era más que un juego, un simple pedazo de carne; ví como con sus garras sacaba algo de mi.
Sentir esas enormes garras entre mi estómago, ver como se comía mis tripas con esa enorme sonrisa; sentir aquel dolor infernal acompañado de un frío que congelaba hasta los huesos.
Sentir como poco a poco mi vida se va apagando, mientras aquella bestia disfrutaba estar me devorando.
El olor a sangre inunda la habitación, mientras mis gritos resuenan y resuenan sin compasión.