—¡Que! ¡No, no quiero que me enseñes! Quiero decir, ¡no quiero que me beses más! ¿Por qué me has besado?
—¿En serio te tengo que responder a eso? —levanta sus cejas y sonríe, me está poniendo nerviosa.
—Bu-bueno no hace falta, ya me lo imagino...
—Buena chica, bueno, y que me dices, ¿aceptas mi oferta?
—¡No, ya te he dicho que no! No voy a dejar que me beses más Black.
—¡Oye! No me llames Black, llámame Peter.
—¿Por qué? Si todo el mundo te dice Black, que más te da.
—Porque tú no eres todo el mundo, tú eres especial y solo tú me puedes llamar Peter. —guiña su ojo, me ha dejado sin palabras la verdad—. Y ahora respóndeme, ¿qué hacías en el lago de las sirenas y como sabías donde estaba?
—Bueno pues... lo vi el otro día cuando estábamos volando y pues sentía curiosidad por saber cómo era, y en cuanto a cómo sabía dónde estaba, unas hadas me lo dijeron.
—Vale, pues no vuelvas a ir si no quieres morir ahogada —se acerca hacia mí peligrosamente—, porque otra vez no voy a estar ahí para salvarte, amor —exclama en un susurro y me planta otro beso, yo me quedo paralizada—, hasta luego Lucy. —sonríe sin mostrar sus dientes y se marcha de ahí.
Después de quedarme ahí como una tonta durante un rato salgo a ver si encuentro a Pablo o a sus amigos.
—Hola chicos. ¿Qué hacéis?
—Hola Lucy, nada, entretenernos un rato, ¿quieres jugar con nosotros? —Pablo me mira muy feliz, yo los miro algo sorprendida.
—Vale, pero ¿que se supone que estáis haciendo?
—Estamos jugando con las canicas de madera. —responde Adrián.
—Ah ya, gracias chicos, pero es que ahora no me apetece mucho jugar.
—Como quieras.
Noto que dos de los chicos no me quitan la mirada de encima, creo que uno de ellos es quien me ha pegado la bofetada.
—Chicos, ¿sabéis quiénes son esos de ahí?
—Claro, son Logan y Kevin, los mismos que te trajeron aquí y te pegaron una bofetada.
—¡Adrián, no le hables así! —exclama Pablo mirando a Adrián furioso.
—¿Qué? Es la verdad
—¿Y sabéis como son? —pregunto curiosa.
—Son muy mandones, se creen los líderes del grupo después de Black, ah y un consejo, no te acerques mucho a ellos, no les gustas mucho.
—Tranquilo, no pensaba hacerlo. —miro a los dos con cara de pocos amigos.
—Oye, ¿te apetece que exploremos por la isla? —pregunta Pablo acercándose más a mí.
—¡Claro!
Por fin voy a hacer algo divertido.
—Venga vamos. —exclama Pablo muy animado.
—Yo prefiero jugar a las canicas. —Adrián nos mira algo molesto.
—Pues quédate aquí si quieres Adrián.
—¡No, yo también voy!
Hemos estado caminando y charlando un buen rato, estos chicos son muy simpáticos, sobre todo Pablo y Maxi.
La isla es mágica y encantadora, aunque a veces da verdadero miedo.
Hemos estado paseando un buen rato, hasta que veo algo, una especie de cuerda sujetada a un árbol. ¿Que será eso? Se me ocurre algo para alejarme de los chicos por unos minutos.
—Chicos, necesito estar sola un momento.
—¿Por qué? —pregunta Pablo mirándome preocupado y curioso.
—Porque necesito... ya sabéis.
—Ah claro, tranquila, ya nos vamos Lucy, venga chicos vamos, te esperamos ahí vale Lucy.
—Vale. —les sonrío y me dirijo hasta la cuerda colgada a buen ritmo.
No puedo creer lo que ven mis ojos. ¡Es una jaula colgada de madera, y dentro hay una chica pelirroja más o menos de mi edad!
—¡Oye, despierta! —muevo un poco la jaula, ella abre los ojos asustada y pega un salto.
—¡Eres una chica! —me mira asombrada y con los ojos muy abiertos.
—Sí, soy una chica, me llamo Lucy. ¿Y tú quién eres y por qué estás en esta jaula encerrada? —digo casi susurrando para que no me escuchen los chicos.
—Me llamo Aurora Jones, y Black me encerró en esta jaula para que no me escapara. —pego un pequeño grito asustada.
Mierda, espero que no me hayan escuchado los chicos.
—Oye Aurora tranquila, yo te sacaré de aquí, pero ahora no puedo porque me están esperando unos chicos de esta isla y si tardo mucho sospecharán, pero te prometo que mañana por la mañana vendré a buscarte y te sacaré de aquí.
—No servirá de nada, Black es muy listo, nos pillará y nos encerrará a las dos en una jaula como esta.
—Puede que Black sea listo, pero yo también lo soy, y si te he prometido que te sacaré de aquí ten por seguro que lo haré
—¡Lucy!, ¿te queda mucho? —escucho la voz de Pablo muy cerca de donde nosotras estamos.
—Me están esperando, me tengo que ir ya, adiós Aurora.
—¿Vendrás a por mí verdad?
—Claro, te lo he prometido. ¡Adiós!