—¡Que crees que estás haciendo Lucy, sabes que no puedes hablar con él! —se acerca a mí—. ¿Te ha hecho algo? —Nada, que me va a hacer, si está ahí encerrado. —¿Y qué le has dado? ¿Fruta? Lucy sabes perfectamente que no puede comer nada. —Pero Peter, se está muriendo de hambre. —¿Y qué? Él no está ahí metido por gusto mío amor, está ahí por lo que te hizo. —Tienes razón —él sonríe—, está ahí metido por lo que me hizo a mí, así que yo tengo el derecho de elegir cuando sacarlo de ahí. —Peter abre los ojos como platos. —No, eso ni lo sueñes princesa, solo yo puedo elegir cuando sacarlo de la jaula. —¿Por qué? Si está ahí metido por mi culpa. —No insistas Lucy, me da igual lo que digas, lo sacaré de ahí cuando a mí me dé la gana. Vale, piensa que le puedes ofrecer a Peter para que te d

