Lucien había perdido demasiada sangre, estaba pálido como una hoja de papel y su respiración se iba entrecortando, pero seguía aferrándose a la consciencia negándose a caer. Levantó sus manos con toda la fuerza que le quedaba para conjurar el hechizo de las bolas de fuego. ~Et devorabit omnia in vestri semita, flos phoenix~ El hechizo fue dicho impecablemente, pero como era de esperarse, fallo. ~Et devorabit omnia in vestri semita, flos phoenix~ Lo intentó una vez más, pero obtuvo el mismo resultado. No funcionaba, sin importar cuantas veces lo intentará, aunque se suponía que era el hechizó más simple, y recordaba el paso a paso de como hacerlo, seguía sin poder hacerlo correctamente. «¿Por qué? ¿Por qué siempre yo? ¿Por qué soy tan inútil?» Los pensamientos de Lucien se arremolina

