Las mujeres corrían, salían y entraban a la habitación, otras tantas maquillaban y unas cuantas arreglaban. Sin embargo, a pesar de toda la felicidad que tenían las mujeres, había una persona que se mantenía en silencio, con los ojos cerrados, dejándose maquillar, arreglar, peinar, siendo una muñeca. - ¿Pasa algo malo? - pregunto un hombre entrando a la habitación, todas las mujeres se quedaron calladas y sin hacer algún movimiento - No, para nada - respondió el peliceleste - Lo siento, no pude cancelar el vestido - se disculpó el pelinegro agachándose a la altura de su prometido - No importa - dijo y abrió lentamente sus ojos zafiro, encontrándose a su vez con los azabaches del hombre - ¿No te parece extraño? Hace poco teníamos la relación de profesor y alumno - dijo el hombre mientr

