15

936 Words
Al día siguiente, Nathan decidió que necesitaban un respiro. Un momento solo para ellos, sin amenazas ni investigaciones, aunque fuera temporal. —Maya —dijo mientras la miraba fijamente durante el desayuno—. Esta noche… ¿quieres salir a cenar? Solo tú y yo. Ella levantó una ceja, sorprendida, pero con una sonrisa tímida: —¿Solo nosotros? —preguntó, como si necesitara confirmarlo. —Sí —contestó Nathan—. Necesitamos… un momento para respirar. Para estar juntos sin pensar en nada más. Maya asintió, y por primera vez en semanas, sintió que podía relajarse un poco. ⸻ La noche llegó con un cielo despejado y una brisa suave que traía el olor de las flores desde el jardín de la casa. Nathan la condujo a un pequeño restaurante que conocía, íntimo, con luces cálidas y música suave. Durante la cena, hablaron poco de los peligros recientes. Sus palabras se llenaban de sonrisas y miradas que decían más que cualquier frase. Cada roce de las manos, cada gesto, era un recordatorio de que aún podían encontrar momentos de felicidad, aunque la sombra del pasado no desapareciera del todo. Después de la cena, caminaban de regreso a casa bajo la luz de la luna. Nathan tomó la mano de Maya, entrelazando sus dedos con suavidad, mientras ella apoyaba la cabeza en su hombro. Al llegar, la tensión que había ido creciendo toda la noche explotó en un abrazo que duró más de lo esperado. Sus labios se encontraron con urgencia contenida, y pronto la ropa y la formalidad quedaron atrás. En la intimidad de su dormitorio, con la luz tenue filtrándose por las cortinas, Nathan y Maya se entregaron el uno al otro, dejando que todo el miedo, la culpa y la preocupación se transformaran en deseo y conexión. Cada caricia, cada suspiro, era una promesa de que, aunque el mundo siguiera siendo peligroso, podían encontrar refugio en el otro. Cuando finalmente se recostaron juntos, entrelazados, el silencio estaba lleno de significado: no era solo pasión, era la reconstrucción de un vínculo que la vida había intentado romper, y que ellos estaban decididos a proteger, pase lo que pase. ______ Nathan llegó al despacho de abogados, con la mente aún cargada de documentos y contactos que debía revisar. Al entrar, Abby lo recibió con su habitual serenidad: —Sr. Larson, lo están esperando. —¿Qué? —respondió Nathan, sorprendido—. No tenía nada programado para hoy. —Dijo que era importante —contestó Abby, con un ligero gesto que indicaba que no había margen de discusión. Nathan respiró hondo y se dirigió al despacho, con una mezcla de curiosidad y alerta. Allí estaba Mara, de pie, con los brazos cruzados y esa sonrisa que parecía esconder más de lo que decía. —¿Qué es lo que estás tramando? —preguntó Nathan, directo. Mara se hizo la desentendida. —¿Disculpa? No será que tramas tú? —replicó con ligereza, pero con un filo que Nathan percibió de inmediato. —Vamos, sé toda la verdad. ¿Acaso no vas a hablar? —insistió Nathan, la tensión subiendo en su voz— —Y qué hay de ti… ¿qué es lo que intentas con Maya, eh? ¿Acaso crees que su padre estaría contento con esto?— Mara levantó la mirada, cruzando los brazos. —Hablas sin saber, querida. Conozco a Liam desde hace mucho. ¿Quién crees que lo ayudó a conseguir el Goodfrench desde el principio o a estar libre? Yo sostuve su caso cuando el idiota ex de Maya lo quería incriminar. Liam odiaba a ese bastardo —le dijo, viendo cómo su expresión cambiaba, sorprendida—. Además, no estoy intentando nada, pero sí quiero que vea a su hija, aunque no sepa que lo es. Mara guardó silencio, procesando la revelación. —Yo… —murmuró, atónita. —¿Sorprendida? Sí —continuó Nathan—. Noah es mi hija… y también la suya. —¡Qué! ¿Cómo? —preguntó Mara, incrédula. —Lo que oyes —respondió Nathan, con voz firme. —¡Eres un maldito! ¿Por qué no le has dicho la verdad? —exclamó Mara. —Hey, y qué hay de ti —contestó Nathan, sin perder la calma—. ¿Acaso Maya sabe que tú eres su hermana o tienes tus razones para no decírselo? —¡Maldito! ¿Cómo sabes eso? —su voz temblaba, mezcla de sorpresa y rabia. —Tengo mis contactos, Mara. Además, con Liam aprendí bastante —dijo Nathan, sonriéndole con un dejo de advertencia—. Antes de que te vayas, solo te advierto: si ella se llega a enterar de esto y empeora, será tu culpa. ¿Está claro? —¿De qué? ¿Empeorar qué? —preguntó Mara, desconcertada. —Maya no recuerda a Noah ni a mí. ¿No es obvio? Cuando dio a luz, entró en una depresión muy fuerte. Con todos los problemas de la bebé, empeoró aún más… y bueno, después de eso murió… o eso nos hicieron creer a todos. Y resulta que no nos recuerda a ninguno —explicó Nathan, con un tono que no admitía réplica. —¿Qué? ¿Cómo puedes vivir con esto? —susurró Mara, incrédula. —Ya es momento de que te vayas —finalizó Nathan, con firmeza—. Tengo cosas que hacer. Mara lo observó unos segundos más, con la rabia y la incredulidad mezcladas en sus ojos, y finalmente se retiró. Nathan cerró la puerta tras ella, sintiendo que la calma era apenas una ilusión: el verdadero conflicto apenas comenzaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD