100 Damián. Una buena tarde en el parque era lo único que necesitábamos para poder estar bien y relajados con la vida. —Elaine...—Le habló Joseph. —¿Mande Josephsito? —Bajo de la patineta. —¡No distraigas a mi alumna favorita! —Le reclamó Charlotte con el ceño fruncido, aún le enseñaba a patinar. —¡Lo siento! —Contestó Joseph mientras alzaba las manos, como si fuera inocente del mayor crimen del mundo. Hablarle a mi chica. —Así me gusta ti-íto —Esbozó una sonrisa victoriosa— A ver Elly, súbete a la patineta. —Charls, ya casi nos tenemos que ir. —Le advertí para que le fuese dando cierre a sus tutorias. —Ya voy, ya voy. Solo le voy a enseñar un truco súper chido. Decidimos sentarnos sobre una de las jardienras y observar cómo Charlotte impartía sus clases privadas de patineta.

