Finalmente, no pudo aguantar más y apretó los muslos alrededor de su mano. Un chorro de humedad cubrió sus dedos. Le descubrió la boca, dejándola jadear. Sus pequeñas respiraciones jadeantes eran tan sexys. El Sr. Radley ahuecó sus pechos una vez más, levantándolos y amasándolos mientras se frotaba contra su trasero. Necesitaba alivio pronto; le dolían las pelotas de deseo por su estudiante. Tenía que hacerlo correrse para obtener una calificación. ¿Cómo iba a permitir que hiciera eso? Otro gemido de la chica llegó cuando él le pellizcó ambos pezones. No podía superar que hubiera estado escondiendo esos pechos perfectos durante tanto tiempo. Podría haberlos estado apreciando todo el año si no fuera por todos esos modestos suéteres. Ah, pensó, apretándole cada teta un poco más, eso es lo q

