Capitulo 20

4796 Words
Capitulo 1. Valentín, sigiloso seguía los pasos de Manuel. Era precavido con cada paso que daba, no deseaba ser descubierto antes de descubrir la verdad. Ponerse en evidencia no era una opción, de lo contrario debería continuar con la duda atorada en su pecho. Desde hace algún tiempo las cosas entre ambos habían cambiado, Manuel ya no era el mismo de antes y poco a poco se fue tornando frío y desinteresado. Este cambio tan drástico alertó completamente los sentidos del alfa, su lobo interior soltaba desgarradores alaridos de solo imaginar a Manuel lejos de su vida. Necesitaba comprobar sus sospechas, no podía seguir viviendo con la incertidumbre y la desconfianza. Chasquea la lengua molesto de solo imaginar a Manuel con otra persona. Le resultaba inaceptable el solo pensar que su amado ya no sentía lo mismo por amar a alguien más. Simplemente, no era una opción, no después de todo lo que tuvieron que pasar. Manuel le pertenecía. Mejor dicho, ambos se pertenecían aunque su naturaleza alfa les impidiera formar un lazo. El corazón se le estrujó al ver a Manuel, detenerse en un parque. Acomodó el gorro n***o de lana, que cubría su cabello rubio, para luego ocultarse tras un árbol sin perderlo de vista. Notó una figura masculina acercarse, ambos chicos sonrieron, posteriormente el recién llegado envolvió a Manuel en sus brazos. Valentín, en ese momento sintió una ira burbujeante recorrer su interior, no podía creer lo que sus ojos veían. Revisó su bolsillo trasero sintiendo el revolver calibre 45 que había llevado para la ocasión. Si Manuel no era suyo, no sería de nadie más. No estaba dispuesto a compartir a quien tanto amaba, mucho menos a ser el hazme reír. Dejo tanto de lado para poder estar juntos que no aceptaba la idea de perderlo, una vez le advirtió que jamás se atreviera a dejarlo, de lo contrario se encargaría de aniquilarlo. Manuel lucía cansado, mucho más de lo habitual. Su demacrado rostro era el fiel testigo de su sufrimiento y para Mateo, no pasaba desapercibido. Sin pensarlo, el moreno lo envolvió entre sus brazos, de algún modo necesitaba hacerle entender que no estaba solo, que él ya tenía edad suficiente para estar a su lado y protegerlo de todo. Al menos, de ese modo, con su silencioso e incondicional apoyo arrancar unos segundos siquiera el recuerdo de Valentín. —Gracias por venir, Matu—. Masculló bajito al momento que enredaba sus brazos en el torso del moreno. Había extrañado tanto a su hermanastro, fueron tantos los meses que tuvo que lidiar con su ausencia. —Manu, no es necesario que me des las gracias, sabes perfectamente que siempre contaras con mi apoyo—. Cerró sus ojos un momento, disfrutando el calor que emanaba del cuerpo ajeno—, hace frío, caminemos un poco y te va a hacer bien tomar un poco de aire. — ¿A dónde quieres ir? Honestamente no tengo ganas de hacer nada. Han sido días complicados—se separó de él y fijó su mirada en un punto neutro. Las cosas con Valentín se habían tornado un poco siniestras y no sabía que hacer para cambiar esa situación. —Vamos a ver nuestro nuevo hogar—. Pasó uno de sus brazos por los hombros de Manuel—. Es un departamento modesto, tendremos que compartir habitación, pero esta amoblado y la cama y el sillón son bastante cómodos. Además tiene una pequeña terraza techada y con una vista maravillosa. Se que te va a gustar—, el entusiasmo de Mateo logró contagiar a Manuel. —Eso me gusta—. Se esmeró en sonreír, realmente el ánimo no le daba para nada. Pero no quería ser descortés frente a su hermanastro, quién sólo buscaba lo mejor para él. —Manu, te conozco. No me digas que no te pasa nada y que todo esta bien. Espero que no me salgas con que quieres seguir viviendo con ese cabrón—. Inconscientemente apretó más el agarre, pegando el cuerpo del mayor al propio, liberando feromonas que marcaban territorio. —Mateo, se que las cosas entre nosotros están raras, que no estamos logrando llevarnos como esperábamos. Es normal supongo, después de todo somos dos alfas. Pese a todo, yo lo amo—. Detiene sus pasos abruptamente —. Sé que estas preocupado por todas las cosas que han pasado, sabes mejor que nadie que todo ha sido difícil para los dos y se que pido mucho, pero trata de entender—, Hace una mueca con los labios manifestando su incomodidad—, aún eres joven, recién has cumplido la mayoría de edad, pero cuando te enamores vas a poder entenderme. — ¿Y como puedes saber si me he enamorado o no?—Alzó una de sus cejas reflejando cierta molestia en su rostro. ¿Acaso Manuel era ciego para no darse cuenta que estaba perdidamente enamorado de él? —Pensé que por ser tu hermano mayor me contarías algo tan importante. Además, la persona que elijas debe ser aceptada por mí, si yo no le doy el visto bueno puede irse por donde vino—. Curvó ligeramente los labios en señal de una sonrisa. —Estas tan ocupado con tu vida que no se me a dado la oportunidad de contarte—, desvío incómodo la mirada— aunque es un amor unilateral. Lo amo tanto que duele, Manuel. Y te entiendo perfectamente, no somos hermanos de sangre pero somos bastante parecidos, al igual que tu soy un imbécil... Esa persona no toma en cuenta mis sentimientos, solo yo lo amo, al igual que tú que eres el único que ama en esa relación... —Valentín me ama, lo nuestro es mutuo—. Replicó a la defensiva, sintiendo una fuerte presión en su pecho ante las palabras de su hermanastro. —Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Si Valentín te amara tanto como dice sería muy diferente—. Acuna las mejillas del mayor entre sus manos, mientras que con sus pulgares acarició delicadamente su piel—. Si te amara no sería así contigo, no sería tan cobarde ni mucho menos estaría a punto de casarse con alguien más. Entiende de una puta vez que ese imbécil te quiere solo para follar—. Los ojos de Mateo se cristalizaron al ver las abundantes lágrimas deslizarse por las mejillas del contrario. Acababa de lastimar a la persona que más amaba en el mundo, aun así, era necesario hablarle con la verdad. —Me tengo que ir, Matu—. Con las mangas de su sudadera roja limpio las lágrimas que resbalaban abundantes por sus pálidas mejillas. Rápidamente giró y emprendió el camino de regreso, necesitaba salir de ahí cuanto antes. Mateo no podía permitir que se fuera de ese modo. Sabe que arruinó su oportunidad de construir una vida junto a quién tanto amaba, más debía de aceptar que sus sentimientos no eran recíprocos. Es natural que Manuel lo vea solo como un hermano, se criaron juntos como tales y aunque no comparten lazo sanguíneo alguno para él eso no es importante. Realmente no se dió cuenta del momento exacto en que sus sentimientos mutaron, cuando fue que dejó de ver a Manuel como su hermano y pasó a verlo como el amor de su vida. Durante años trató de desechar ese sentimiento, hizo todo lo que estuvo a su alcance, pero una sola sonrisa de Manuel derribada todas sus barreras. Desesperado corrió tras él, este era el momento preciso para dejar salir todo. Con firmeza tomó la muñeca del mayor obligándolo a girar. — ¿Qué haces Matu?— Se quejó por el brusco agarre y observó al menor con confusión plasmada en su rostro. Mateo no dijo nada, las palabras simplemente no salían de su boca. En esta ocasión, prefería sentir y luego pensar. Decidido, cortó la distancia entre ambos y sin más rodeos estampósus labios contra los de su hermanastro. Manuel se quedó estático, no sabía cómo reaccionar, realmente no esperaba generar alguna confusión en Mateo. No correspondió, sin embargo, tampoco lo apartó. Simplemente cerró los ojos un momento disfrutando de ese calor que se generaba en su pecho y el revoloteo en su vientre. Los labios de Mateo eran suaves y cálidos, sus besos eran delicados y cargados de ternura, por lo que no pudo rechazarlo. Por una vez en su vida se estaba permitiendo disfrutar de un poco de ternura. El rostro de Valentín se desencajó frente a esa escena. ¡Manuel lo estaba engañando y él se quería morir! Mordió sus propios labios con fuerza intentando calmarse. No se permitiría derramar una sola lágrima, no por alguien que le pagaba de esa manera, ovidando las infinitas veces en que él le hizo lo mismo a Manuel. Sacó el arma de entre su ropa, revisó que se encontrara cargada para luego salir de su escondite. — ¡Así te quería agarrar! ¿Desde cuando me estás viendo la cara de imbécil?— La voz de Valentín retumbó en los oídos de ambos. El rubio se acercaba a ellos con paso rápido y firme, la expresión desquiciada de su rostro congeló a Manuel. Nunca antes lo había visto en un estado similar. —Valentín, yo puedo explicarte todo. Las cosas no son como tu piensas—. La desesperación se reflejaban en sus ojos oscuros y su voz temblorosa manifestaba cuan nervioso estaba. — ¿Por este crío me estas cambiando? ¿Así que este niño es el culpable de todo? ¡No me jodas, Manuel!— Coge al nombrado del antebrazo atrayéndolo a su lado—. Ahora vas a ver lo que le pasa a este hijo de puta—, sin soltar el brazo de su pareja apuntó al frente. Su objetivo, Mateo. — ¡No te tengo miedo, Valentín! Podre ser un crio como dices, pero tengo toda la hombría que a ti te falta—. Un gruñido de advertencia escapa de sus labios y deja entre ver sus afilados colmillos. Estaba asustado, era inevitable no estarlo en la situación que se encontraban, sin embargo, no lo demostraría. Todo aconteció demasiado rápido, en un parpadeó Valentín y Manuel forcejearon por el arma. Mateo observaba la escena sin saber que hacer. Algunos transeúntes miraban el espectáculo mientras mantenían una distancia prudente, sin embargo, nadie hacia absolutamente nada para evitar el trágico desenlace. De pronto, un ensordecedor disparo hizo eco en aquella oscura tarde de invierno. Manuel alzó la mirada, fijando sus ojos color chocolate en los celestes de su amado Valentín, notando que este lo observaba con horror. Ver el rostro afligido de su alfa le destrozaba por dentro, a pesar de todo, lo seguía amando. De pronto sintió un inmenso orgullo que le llenaba el pecho, se oía bastante bonito denominarlo como su alfa, aunque tenía claro, que un omega lucía su marca con orgullo. Sus piernas se tambalearon, llevó ambas manos a su abdomen sintiendo como estás se humedecían con su propia sangre. Los desesperados gritos de Mateo le provocaban escalofríos. Intentó girar, sonreír y decirle que todo estaba bien, que todo estaría bien, que él no permitiría que nadie jamás lo lastimara por qué la mitad de su corazón le pertenecía a él, que siempre sería su pequeño. ¿Acaso era posible amar a dos personas a la vez? Tenía que ser posible, por que él los amaba a ambos y saber que Mateo sentía lo mismo lo llenaba de una extraña y desbordante felicidad. No pudo llevar a cabo su cometido, el cuerpo no le respondió y de pronto el aire en sus pulmones comenzaba a escasear. Fijó su mirada en el rostro del hombre que amaba, notó sus hermosos ojos enrojecidos por las lágrimas que caían en abundancia por sus blancas mejillas. ¿Acaso ese sería su final? Tenía miedo, demasiado miedo. Un miedo tan inmenso, que no se comparaba al que su padrastro le hacía experimentar. Su temor a abandonar a las dos personas que amaba le quitaba el aliento. No se percató del momento en que su cuerpo se derrumbó, solo notó que estaba en el piso cuando los brazos de Mateo lo rodearon con auténtica desesperación. Mateo no podía creer lo que estaba pasando. Con uno de sus brazos rodeaba el cuerpo de Manuel, mientras que con su mano libre marcaba el número de emergencias. Todo su cuerpo temblaba y por más que lo intentaba, no podía dejar de llorar. ¡Se sentía tan jodidamente culpable! Si tan solo no lo hubiera besado, ahora todo estaría bien. Jamás pensó que el dejarse llevar por sus emociones podía desencadenar tan inesperada tragedia. La situación de Valentín, no era tan diferente. Se hallaba de pie frente a ellos sin mover siquiera un músculo. No podía creer lo que acababa de hacer, se sentía como una maldita bestia, ahora era tan igual a su padre que le asqueaba. Dejó caer el arma, ignorando las miradas horrorizadas de los curiosos espectadores. Se acercó con pasos torpes al cuerpo casi inconsciente de su amado. La cansada mirada de Manuel, se posó en él y pese a todo lo acontecido le dedicó una débil sonrisa, para luego mover sus labios en un silencioso te amo. En ese momento se quebró, sin importar nada rompió en llanto. Lloró con amargura, con el miedo repercutiendo en su corazón. De pronto, no podía imaginar su vida sin Manuel. Una vida sin el otro alfa no era vida. El sonido de las sirenas inundaron el ambiente y sus luces rojas y azules se reflejaban en los arboles. Tres patrullas de policías se estacionaron abruptamente cerca del incidente, en un solo pestañear un grupo de policías lo rodeaba e inmovilizada. De pronto, tras ellos la ambulancia llegó. Manuel ya no podía mantener sus ojos abiertos y no sentía su propio cuerpo. Notaba como poco a poco lo alejaban de Valentín. Quiso gritar, suplicar que le permitieran acompañarle en ese momento, el cual quizás sería el último. Sus deseos se vieron abolidos al ver cómo dos policías tomaban al rubio con violencia, reduciéndolo y esposándolo para luego empujarle dentro de la patrulla. Sus ojos se humedecieron ante la escena presenciada y mascullando un débil te amo cayó en los brazos de la inconsciencia. De pronto, todo se volvió oscuridad. Capitulo 1. Valentín, sigiloso seguía los pasos de Manuel. Era precavido con cada paso que daba, no deseaba ser descubierto antes de descubrir la verdad. Ponerse en evidencia no era una opción, de lo contrario debería continuar con la duda atorada en su pecho. Desde hace algún tiempo las cosas entre ambos habían cambiado, Manuel ya no era el mismo de antes y poco a poco se fue tornando frío y desinteresado. Este cambio tan drástico alertó completamente los sentidos del alfa, su lobo interior soltaba desgarradores alaridos de solo imaginar a Manuel lejos de su vida. Necesitaba comprobar sus sospechas, no podía seguir viviendo con la incertidumbre y la desconfianza. Chasquea la lengua molesto de solo imaginar a Manuel con otra persona. Le resultaba inaceptable el solo pensar que su amado ya no sentía lo mismo por amar a alguien más. Simplemente, no era una opción, no después de todo lo que tuvieron que pasar. Manuel le pertenecía. Mejor dicho, ambos se pertenecían aunque su naturaleza alfa les impidiera formar un lazo. El corazón se le estrujó al ver a Manuel, detenerse en un parque. Acomodó el gorro n***o de lana, que cubría su cabello rubio, para luego ocultarse tras un árbol sin perderlo de vista. Notó una figura masculina acercarse, ambos chicos sonrieron, posteriormente el recién llegado envolvió a Manuel en sus brazos. Valentín, en ese momento sintió una ira burbujeante recorrer su interior, no podía creer lo que sus ojos veían. Revisó su bolsillo trasero sintiendo el revolver calibre 45 que había llevado para la ocasión. Si Manuel no era suyo, no sería de nadie más. No estaba dispuesto a compartir a quien tanto amaba, mucho menos a ser el hazme reír. Dejo tanto de lado para poder estar juntos que no aceptaba la idea de perderlo, una vez le advirtió que jamás se atreviera a dejarlo, de lo contrario se encargaría de aniquilarlo. Manuel lucía cansado, mucho más de lo habitual. Su demacrado rostro era el fiel testigo de su sufrimiento y para Mateo, no pasaba desapercibido. Sin pensarlo, el moreno lo envolvió entre sus brazos, de algún modo necesitaba hacerle entender que no estaba solo, que él ya tenía edad suficiente para estar a su lado y protegerlo de todo. Al menos, de ese modo, con su silencioso e incondicional apoyo arrancar unos segundos siquiera el recuerdo de Valentín. —Gracias por venir, Matu—. Masculló bajito al momento que enredaba sus brazos en el torso del moreno. Había extrañado tanto a su hermanastro, fueron tantos los meses que tuvo que lidiar con su ausencia. —Manu, no es necesario que me des las gracias, sabes perfectamente que siempre contaras con mi apoyo—. Cerró sus ojos un momento, disfrutando el calor que emanaba del cuerpo ajeno—, hace frío, caminemos un poco y te va a hacer bien tomar un poco de aire. — ¿A dónde quieres ir? Honestamente no tengo ganas de hacer nada. Han sido días complicados—se separó de él y fijó su mirada en un punto neutro. Las cosas con Valentín se habían tornado un poco siniestras y no sabía que hacer para cambiar esa situación. —Vamos a ver nuestro nuevo hogar—. Pasó uno de sus brazos por los hombros de Manuel—. Es un departamento modesto, tendremos que compartir habitación, pero esta amoblado y la cama y el sillón son bastante cómodos. Además tiene una pequeña terraza techada y con una vista maravillosa. Se que te va a gustar—, el entusiasmo de Mateo logró contagiar a Manuel. —Eso me gusta—. Se esmeró en sonreír, realmente el ánimo no le daba para nada. Pero no quería ser descortés frente a su hermanastro, quién sólo buscaba lo mejor para él. —Manu, te conozco. No me digas que no te pasa nada y que todo esta bien. Espero que no me salgas con que quieres seguir viviendo con ese cabrón—. Inconscientemente apretó más el agarre, pegando el cuerpo del mayor al propio, liberando feromonas que marcaban territorio. —Mateo, se que las cosas entre nosotros están raras, que no estamos logrando llevarnos como esperábamos. Es normal supongo, después de todo somos dos alfas. Pese a todo, yo lo amo—. Detiene sus pasos abruptamente —. Sé que estas preocupado por todas las cosas que han pasado, sabes mejor que nadie que todo ha sido difícil para los dos y se que pido mucho, pero trata de entender—, Hace una mueca con los labios manifestando su incomodidad—, aún eres joven, recién has cumplido la mayoría de edad, pero cuando te enamores vas a poder entenderme. — ¿Y como puedes saber si me he enamorado o no?—Alzó una de sus cejas reflejando cierta molestia en su rostro. ¿Acaso Manuel era ciego para no darse cuenta que estaba perdidamente enamorado de él? —Pensé que por ser tu hermano mayor me contarías algo tan importante. Además, la persona que elijas debe ser aceptada por mí, si yo no le doy el visto bueno puede irse por donde vino—. Curvó ligeramente los labios en señal de una sonrisa. —Estas tan ocupado con tu vida que no se me a dado la oportunidad de contarte—, desvío incómodo la mirada— aunque es un amor unilateral. Lo amo tanto que duele, Manuel. Y te entiendo perfectamente, no somos hermanos de sangre pero somos bastante parecidos, al igual que tu soy un imbécil... Esa persona no toma en cuenta mis sentimientos, solo yo lo amo, al igual que tú que eres el único que ama en esa relación... —Valentín me ama, lo nuestro es mutuo—. Replicó a la defensiva, sintiendo una fuerte presión en su pecho ante las palabras de su hermanastro. —Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Si Valentín te amara tanto como dice sería muy diferente—. Acuna las mejillas del mayor entre sus manos, mientras que con sus pulgares acarició delicadamente su piel—. Si te amara no sería así contigo, no sería tan cobarde ni mucho menos estaría a punto de casarse con alguien más. Entiende de una puta vez que ese imbécil te quiere solo para follar—. Los ojos de Mateo se cristalizaron al ver las abundantes lágrimas deslizarse por las mejillas del contrario. Acababa de lastimar a la persona que más amaba en el mundo, aun así, era necesario hablarle con la verdad. —Me tengo que ir, Matu—. Con las mangas de su sudadera roja limpio las lágrimas que resbalaban abundantes por sus pálidas mejillas. Rápidamente giró y emprendió el camino de regreso, necesitaba salir de ahí cuanto antes. Mateo no podía permitir que se fuera de ese modo. Sabe que arruinó su oportunidad de construir una vida junto a quién tanto amaba, más debía de aceptar que sus sentimientos no eran recíprocos. Es natural que Manuel lo vea solo como un hermano, se criaron juntos como tales y aunque no comparten lazo sanguíneo alguno para él eso no es importante. Realmente no se dió cuenta del momento exacto en que sus sentimientos mutaron, cuando fue que dejó de ver a Manuel como su hermano y pasó a verlo como el amor de su vida. Durante años trató de desechar ese sentimiento, hizo todo lo que estuvo a su alcance, pero una sola sonrisa de Manuel derribada todas sus barreras. Desesperado corrió tras él, este era el momento preciso para dejar salir todo. Con firmeza tomó la muñeca del mayor obligándolo a girar. — ¿Qué haces Matu?— Se quejó por el brusco agarre y observó al menor con confusión plasmada en su rostro. Mateo no dijo nada, las palabras simplemente no salían de su boca. En esta ocasión, prefería sentir y luego pensar. Decidido, cortó la distancia entre ambos y sin más rodeos estampósus labios contra los de su hermanastro. Manuel se quedó estático, no sabía cómo reaccionar, realmente no esperaba generar alguna confusión en Mateo. No correspondió, sin embargo, tampoco lo apartó. Simplemente cerró los ojos un momento disfrutando de ese calor que se generaba en su pecho y el revoloteo en su vientre. Los labios de Mateo eran suaves y cálidos, sus besos eran delicados y cargados de ternura, por lo que no pudo rechazarlo. Por una vez en su vida se estaba permitiendo disfrutar de un poco de ternura. El rostro de Valentín se desencajó frente a esa escena. ¡Manuel lo estaba engañando y él se quería morir! Mordió sus propios labios con fuerza intentando calmarse. No se permitiría derramar una sola lágrima, no por alguien que le pagaba de esa manera, ovidando las infinitas veces en que él le hizo lo mismo a Manuel. Sacó el arma de entre su ropa, revisó que se encontrara cargada para luego salir de su escondite. — ¡Así te quería agarrar! ¿Desde cuando me estás viendo la cara de imbécil?— La voz de Valentín retumbó en los oídos de ambos. El rubio se acercaba a ellos con paso rápido y firme, la expresión desquiciada de su rostro congeló a Manuel. Nunca antes lo había visto en un estado similar. —Valentín, yo puedo explicarte todo. Las cosas no son como tu piensas—. La desesperación se reflejaban en sus ojos oscuros y su voz temblorosa manifestaba cuan nervioso estaba. — ¿Por este crío me estas cambiando? ¿Así que este niño es el culpable de todo? ¡No me jodas, Manuel!— Coge al nombrado del antebrazo atrayéndolo a su lado—. Ahora vas a ver lo que le pasa a este hijo de puta—, sin soltar el brazo de su pareja apuntó al frente. Su objetivo, Mateo. — ¡No te tengo miedo, Valentín! Podre ser un crio como dices, pero tengo toda la hombría que a ti te falta—. Un gruñido de advertencia escapa de sus labios y deja entre ver sus afilados colmillos. Estaba asustado, era inevitable no estarlo en la situación que se encontraban, sin embargo, no lo demostraría. Todo aconteció demasiado rápido, en un parpadeó Valentín y Manuel forcejearon por el arma. Mateo observaba la escena sin saber que hacer. Algunos transeúntes miraban el espectáculo mientras mantenían una distancia prudente, sin embargo, nadie hacia absolutamente nada para evitar el trágico desenlace. De pronto, un ensordecedor disparo hizo eco en aquella oscura tarde de invierno. Manuel alzó la mirada, fijando sus ojos color chocolate en los celestes de su amado Valentín, notando que este lo observaba con horror. Ver el rostro afligido de su alfa le destrozaba por dentro, a pesar de todo, lo seguía amando. De pronto sintió un inmenso orgullo que le llenaba el pecho, se oía bastante bonito denominarlo como su alfa, aunque tenía claro, que un omega lucía su marca con orgullo. Sus piernas se tambalearon, llevó ambas manos a su abdomen sintiendo como estás se humedecían con su propia sangre. Los desesperados gritos de Mateo le provocaban escalofríos. Intentó girar, sonreír y decirle que todo estaba bien, que todo estaría bien, que él no permitiría que nadie jamás lo lastimara por qué la mitad de su corazón le pertenecía a él, que siempre sería su pequeño. ¿Acaso era posible amar a dos personas a la vez? Tenía que ser posible, por que él los amaba a ambos y saber que Mateo sentía lo mismo lo llenaba de una extraña y desbordante felicidad. No pudo llevar a cabo su cometido, el cuerpo no le respondió y de pronto el aire en sus pulmones comenzaba a escasear. Fijó su mirada en el rostro del hombre que amaba, notó sus hermosos ojos enrojecidos por las lágrimas que caían en abundancia por sus blancas mejillas. ¿Acaso ese sería su final? Tenía miedo, demasiado miedo. Un miedo tan inmenso, que no se comparaba al que su padrastro le hacía experimentar. Su temor a abandonar a las dos personas que amaba le quitaba el aliento. No se percató del momento en que su cuerpo se derrumbó, solo notó que estaba en el piso cuando los brazos de Mateo lo rodearon con auténtica desesperación. Mateo no podía creer lo que estaba pasando. Con uno de sus brazos rodeaba el cuerpo de Manuel, mientras que con su mano libre marcaba el número de emergencias. Todo su cuerpo temblaba y por más que lo intentaba, no podía dejar de llorar. ¡Se sentía tan jodidamente culpable! Si tan solo no lo hubiera besado, ahora todo estaría bien. Jamás pensó que el dejarse llevar por sus emociones podía desencadenar tan inesperada tragedia. La situación de Valentín, no era tan diferente. Se hallaba de pie frente a ellos sin mover siquiera un músculo. No podía creer lo que acababa de hacer, se sentía como una maldita bestia, ahora era tan igual a su padre que le asqueaba. Dejó caer el arma, ignorando las miradas horrorizadas de los curiosos espectadores. Se acercó con pasos torpes al cuerpo casi inconsciente de su amado. La cansada mirada de Manuel, se posó en él y pese a todo lo acontecido le dedicó una débil sonrisa, para luego mover sus labios en un silencioso te amo. En ese momento se quebró, sin importar nada rompió en llanto. Lloró con amargura, con el miedo repercutiendo en su corazón. De pronto, no podía imaginar su vida sin Manuel. Una vida sin el otro alfa no era vida. El sonido de las sirenas inundaron el ambiente y sus luces rojas y azules se reflejaban en los arboles. Tres patrullas de policías se estacionaron abruptamente cerca del incidente, en un solo pestañear un grupo de policías lo rodeaba e inmovilizada. De pronto, tras ellos la ambulancia llegó. Manuel ya no podía mantener sus ojos abiertos y no sentía su propio cuerpo. Notaba como poco a poco lo alejaban de Valentín. Quiso gritar, suplicar que le permitieran acompañarle en ese momento, el cual quizás sería el último. Sus deseos se vieron abolidos al ver cómo dos policías tomaban al rubio con violencia, reduciéndolo y esposándolo para luego empujarle dentro de la patrulla. Sus ojos se humedecieron ante la escena presenciada y mascullando un débil te amo cayó en los brazos de la inconsciencia. De pronto, todo se volvió oscuridad.
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