Matilda había terminado de ordenar la habitación de su tía. Solía hacerlo mientras ella preparaba el almuerzo, habían discutido varias veces al respecto y finalmente parecían estar en una tregua. Últimamente, la había visto algo más cansada, como si la energía que depositaba en dar órdenes la necesitara para moverse. Había conversado con su madre esos días y si bien, al principio protestó, finalmente estuvo de acuerdo con que se quedara un tiempo más. También había llamado al médico para concertar una cita la próxima semana, todavía no estaba segura de cómo convencería a Ana para que asista, pero ya se le ocurriría algo. Terminaron de almorzar y luego de su siesta diaria, Ana le anunció que visitaría a Angela. Como Matilda se había puesto a ordenar y limpiar la biblioteca de la sala, su

