La luz del día me pegó de lleno en la cara. Hice una mueca de desagrado ante el dolor de cabeza insoportable que tenia. Sin contar las náuseas y arcadas que tenía a cada rato. Ignacio me miraba triste, pero inexpresivo. Estaba arrodillado a mi lado con cara de sueño. No tuve mucho tiempo de contemplarlo, fui corriendo al baño. Vomite hasta mis ganas de vivir, ví mi almuerzo en el inodoro y otra arcada tras la merienda se despidió de mi en el baño. Ignacio como en las películas y vídeos, me sostenía el pelo para que no me manchar. - Te deje una pastilla con agua, iré a terminar el desayuno. Y se alejo, aun estaba mi cepillo de dientes que me había olvidado en el mismo lugar. Mis cosas siguieron tal cual me fui. Nada había cambiado, solo que yo no estaba. En la mesita de luz estaba la

