Capítulo 23

1774 Words
—    Tienes dinero, ¿eh? —    Para nada. Es un seguro que pagó mi madre. —    Yo pago mi universidad —explicó el pelirrojo—. Mi madre no puede costearla. —    Eres lo mejor —le golpeó con el hombro, dándole su apoyo—. No cualquier puede costearse la universidad solo. —    Lo sé, soy un Dios. —    Bueno, tampoco… Y continuaron hablando. Ansel quería mostrarle su departamento y tal vez cocinar juntos algo para el almuerzo. Estaban muertos de hambre y no tenían mucho dinero en el bolsillo. —    ¿Qué sabes cocinar? —Le preguntó Adam a Ansel. —    Pasta. —    Diablos —se burló—. Yo puedo cocinar algo. —    Está bien, ya casi llegamos. Caminaron otros minutos más, hasta que entraron a uno de los edificios de viviendas estudiantiles que había en el campus. Allí, Ansel utilizó su tarjeta de ingreso para que entraran y se dirigieron al fondo del lugar, donde estaba su departamento. Los primeros dos pisos del lugar eran de departamentos para una sola persona y desde el tercer piso, eran compartidos. Según lo que había escuchado, los baños de los pisos de arriba eran asquerosos ya que tenían que entrar cerca de cincuenta personas a solamente dos baños. Y aunque eran grandes, no faltaba la persona desaseada que quisiera jugarle una broma a sus compañeros y dejara algo por ahí. También se habían encontrado parejas en los inodoros o amigos que gritan a los mil vientos que son heterosexuales —falso—, con otros de los habitantes del lugar. Definitivamente había mucha tela que cortar en ese edificio y no se imaginaba los otros dos que había cerca. —    Mierda, esto es inmenso —murmuró Adam observando el lugar—. Nosotros tenemos prohibida la entrada a estos lugares porque no pagamos. —    Si. Yo hasta ahora solo conozco los primeros dos pisos. Más arriba no me atrevo a ir. Dicen que es otro mundo, aunque divertido. —    No diré nada contra eso porque también lo he escuchado.   Cuando entraron al pequeño departamento, los dos chicos dejaron sus cosas en la entrada que era una pequeña sala y se dirigieron al baño para turnarse y lavarse las manos. —    Es bastante lindo. Me gustaría vivir en algo así. —    ¿Dónde vives? —    A unos minutos de aquí. Con mis cinco hermanos y mis padres. Es un caos. Ansel rió—. Me imagino. ¿Eres el mayor? —    El segundo mayor. Mi hermano mayor tiene veintiocho. Ya tiene su familia y todo eso. —    Entiendo. Se dirigieron a la cocina y comenzaron a preparar pasta con una salsa especial (según Adam) y pollo en cubitos. —    Esto va a quedar bárbaro. Te lo prometo. —    Te creo. El celular de Ansel comenzó a sonar y rápidamente lo tomó, para ver que era un mensaje de su madre. Lo necesitaba. Así que inmediatamente la llamó. —    Cariño… —    ¿Qué pasa? —Preguntó preocupado. No entendía qué era lo que podía estar sucediendo. —    Tu padre está aquí. Está furioso porque no estás. —    ¿Qué? —    Está borracho —espetó la mujer. Se escuchaba preocupada. —    No le abras. —    Ya llamé a la policía. Dijo que iría a tu universidad. Ten mucho cuidado. —    No te preocupes, mamá. Hablaron otros minutos más y luego, cuando la policía llegó a la casa de Sofia, el muchacho le colgó. No entendía por qué su padre tenía que estar molestando todavía. Ellos le habían dejado muy claro lo que estaba sucediendo y que no querían que volviese a aparecer en sus vidas. Él tenía su familia y ellos tenían que estar muertos para él. —    ¿Todo está bien? —Adam le preguntó, quitándose el delantal que estaba utilizando para cocinar. —    Si, lo siento. Solamente era mi madre. —    Está bien —aceptó no muy convencido el muchacho. Su rostro se veía tenso y estaba seguro de que algo le estaba pasando, pero no quería inmiscuirse mucho en el tema. Todavía se estaban conociendo.                     ☆☆☆   Aubrey estaba en casa tranquila. Su madre estaba trabajando, sus hermanos en la escuela y su padre viajando. Como siempre. Después del pseudo almuerzo que había comido, se había puesto a adelantar la serie que más le estaba gustando en ese momento. No tenía nada que hacer y las lecturas que le habían puesto el día anterior ya las había leído. No era que fuese porque le encantaba estudiar, sino porque de verdad estaba demasiado aburrida y prefirió adelantar algo de la universidad mientras tanto. También tendría que preguntarle a alguno de sus compañeros sobre lo que habían hecho en las clases de ese día y si era posible, que le prestaran los apuntes. Unos golpes fuertes se escucharon a la entrada de la casa y la castaña se asustó, ya que estaba a punto de volverse a quedar dormida. Parecía un oso perezoso. Con cuidado, se asomó a la ventana de su cuarto, pero el techo del primer piso no le dejaba ver muy bien la persona que estaba golpeando de esa forma. Con precaución bajó las escaleras y tomó uno de los bates que su padre guardaba por si en algún momento algo llegaba a pasar. No era que pensara que estaba corriendo peligro, pero de igual forma, no quería tener ni un poco de riesgo. Sabía que tenían las cámaras en algún lugar, pero solamente sus padres podían manejar la aplicación que monitoreaba lo que se veía y ella había dejado el celular en su cuarto. Maldiciéndose, observó por la ventana y pudo darse cuenta de que el padre de Ansel estaba fuera de casa, dándole patadas a la puerta. —    ¿Qué demonios? El hombre volteó a mirar la casa y alcanzó a ver el pequeño rostro de la muchacha asomado. Inmediatamente se dirigió a la ventana y comenzó a gritarle. —    ¡Abre! ¡¿Dónde está mi hijo?! Aubrey dio unos pasos hacia atrás y pronto, un puño impactó el vidrio, haciendo que éste se quebrara en cientos de pedazos. La chica soltó un pequeño grito y puso el bate frente a su rostro. Si trataba de entrar a la casa, ella lo golpearía. No podrían llevarla a la cárcel debido a que eso era defensa propia. —    ¡Quédese fuera! —Gritó, sintiendo sus extremidades temblar. El hombre metió su mano y comenzó a buscar la cerradura de la puerta, para entrar. Por un momento la castaña se asustó, pero luego recordó que había cerrado todos los trinquetes, haciendo que estuviera protegida. Si buscaba ingresar de esa manera, no iba a poder. Era imposible para él. —    ¡Dímelo! —    ¡Él no está aquí! —Exclamó nuevamente—. ¡Si sigue haciendo lo que está haciendo, le golpearé! Con cuidado comenzó a acercarse. No mucho, pero intentó calmarlo un poco. —    Él está estudiando. No está aquí. —    Maldita niña —gruñó el hombre—. Solamente quieres joderle su futuro. —    No… Aubrey se descuidó un momento y el padre de Ansel tomó uno de sus mechones y lo jaló, haciendo que la chica se golpeara de cara contra los vidrios rotos. Ella soltó un gemido de dolor y sintió el aliento a alcohol que golpeaba su rostro con fuerza. Estaba a pocos centímetros de ella. —    ¿Dónde está, pequeña puta? —    No- no lo sé —respondió, sintiendo un dolor punzante al mezclarse las lágrimas con las pequeñas heridas que tenía en el rostro. —    Si no me lo dices, te mataré. —    Por favor…. Y lloró un poco más. Al parecer sus vecinos no escuchaban lo que estaba sucediendo y nadie la auxiliaba. Solamente tenían que empujarlo o algo parecido. Nada más. El hombre se alejó sin soltar su cabello y ella jaló, gimiendo nuevamente por el dolor. Si continuaba así, podía arrancarle aquel mechón de cabello. Con fuerza apretó el bate entre sus manos y buscó alguna forma para golpearlo. Encontró una manera y era trata de voltearse un poco, hasta que su brazo entrara un poco más y ella pudiera golpear con fuerza la mano que estaba sosteniendo su cabello. Así que, sin pensarlo dos veces con todas las fuerzas que tenía su cuerpo, levantó el bate y golpeó su mano con fuerza. Inmediatamente el hombre le soltó y ella corrió lejos de la ventana, mientras él gritaba del dolor. Podía ser que le hubiese roto la mano, pero no le importaba. No después de que había irrumpido de esa forma en su casa. Era ilegal. —    ¡Maldita niña! Aubrey corrió lejos de la salida directo a su cuarto para tomar su celular y llamar a alguno de sus padre. Estaba al borde de un ataque de pánico y no sabía cómo responder a esa situación. —    ¡Mamá! —Lloró—. El padre de Ansel me lastimó, quiere entrar a casa. —    ¿Qué? —    Mamá, por favor… —    Hija —se escuchó cómo se disculpaba con algunas personas—. Por favor quédate donde estás. Escóndete. Ya voy para allá. Llamaré la policía. —    S-si… Luego de colgar, la chica siguió escuchando los gritos de aquel hombre en el primer piso y cómo su pie impactaba cada vez con más fuerza contra la puerta. Definitivamente, él no podía solamente estar embriagado. Él tenía que estar drogado. Aubrey se encerró en su cuarto con el bate en el suelo, mientras abrazaba sus piernas. Las lágrimas seguían corriendo por su rostro y un ataque de pánico se apoderó de ella. Intentó calmarse un poco para no dejar que le sucediera, pero no pudo. Su respiración cada vez era más rápida y fuerte. Comenzaba a sentir cómo el aire le faltaba y pegó la cabeza a sus rodillas, esperando que pronto terminara todo. Pronto, dejó de escuchar los gritos del hombre y cómo la puerta se abría con rapidez. La muchacha se levantó de su lugar y volvió a tomar el bate con sus manos, esperando lo peor. La puerta de su cuarto se abrió de par en par y antes de que ella pudiese utilizar el bate, su madre se abalanzó sobre ella, para abrazarla. —    Cariño… Nuevamente se dejó llevar por las lágrimas y escuchó cómo su madre lloraba junto a ella. En otro momento se hubiese calmado, pero no cuando había sido agredida media hora antes y estaba herida. —    Mamá, él- —    Tranquila, mamá está aquí —Jay levantó su rostro y observó cómo estaba—. Son heridas superficiales, cariño. No te preocupes… —    Mamá….
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