— ¿Qué esperas? Podrías hacerlo la otra mitad del año. Si te gusta, pues continúas hablando con la universidad para que te dejen ahí. — Está bien, lo pensaré. Con cuidado se sentaron en una de las sillas que adornaban el lugar y esperaron a que le llamaran. No era tan duro como la primera vez y eso lo agradecían, pero de igual forma, si es algo complicada la situación. Era costumbre y ni siquiera querían acostumbrarse a eso. Ansel le estaba dando un beso a su novia, cuando los altavoces llamaron a las personas de su vuelo. Era hora de partir y hasta ahora comenzaba a sentirse en casa nuevamente. — Ay, mi amor —miró la pantalla y se levantó—. Prométeme que vas a mirarlo. — Lo prometo. Hablaré con la universidad. Espero se pueda. — Está bien —se acercó suavemente y la abrazó—. Sabes q

