Capítulo 26

1741 Words
—    No quiero que re victimicen a mi mamá. —    Muchas veces eso es lo que sucede en los juicios, pero cálmate que yo estoy aquí contigo apoyándote. El Castaño sonrío y le dio un beso en la frente a su novia. Aceptaba que ya no le dijera te amo igualmente, pero él sí sentía la necesidad de decir aquellas palabras desde hacía mucho tiempo. Era imposible no enamorarse de esa mujer. —    Ya no estoy muy seguro de asistir a la audiencia Aubrey se mantuvo serie y se cruzó de brazos —. No importa, ya estás aquí. Y si estás aquí es por algo. —    ¿Por qué más tendría que estar aquí? —    Por mí claramente. Ansel bufo y se comenzó a reír. Cómo era posible que tanta arrogancia cupiera en ese cuerpo tan pequeño. —    Cálmate, ¿Cómo te decimos? —    El amor de tu vida —bromeó la castaña. Sorprendiendo a Aubrey, él asintió. —    Tienes toda la razón y yo no tengo miedo de decirlo. Te amo. Y así juntó sus labios con fuerza a los de su novia. No se escondería más aquellos sentimientos, estaba loco por esa chica.   El día había llegado y Ansel se sentía ansioso. No estaba muy seguro de lo que estaría a punto de hacer, pero sabía que era lo correcto. Su padre había hecho mucho daño y no solamente a su madre. También a su novia y a varias personas de su alrededor. —    ¿Estás nervioso? —     Sólo un poco. Era mentira. Se sentía demasiado asustado de lo que sucedería en las próximas horas. No estaba preparado aún para enfrentar a su padre, pero muy dentro de él sabía qué tenía que hacer. Lo tenía que hacer por su madre y por su novia, que lo estaba acompañando en este momento. —    ¿Estás seguro de ir? —    Completamente. Los dos salieron de la habitación y bajaron las escaleras con cuidado. La madre de Aubrey estaba en la cocina junto a su padre, el cual al ver a Ansel ahí, se preguntó. ¿En qué momento había llegado? —    ¿Qué haces aquí? —Preguntó inquieto. —    Buenos días —se burló el muchacho, tratando de aligerar el ambiente—. Y llegué hace pocas horas. No quería decir la verdad debido a que era una sorpresa para su madre y un secreto entre él y su novia. Sabía que si les hubiese dicho a algunas de la personas presentes, correrían a decirle a su madre y ella le hubiera formado una gran pelea. Cosa que no quería que sucediera y menos en ese momento tan crucial para la vida de los dos. Como ya se sabía, su papá había sido un gran maltratador y había mostrado su peor faceta en contra de ellos. Sobre todo, contra su madre Sofía porque contra él nunca pudo hacer muchas cosas, ya que tenía los ojos de todas las personas de la familia, encima. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando recordó una vez que su padre había llegado borracho muy tarde en la noche y había amenazado a su madre con un cuchillo. Sofia ese día le había pedido a el que se escondiera y no salieron del escondite hasta que no escuchara ningún ruido. Pero, desde donde estaba, podía ver como su padre maltrataba a su madre e inmediatamente con tan sólo cinco años, salió de su escondite y lo fue a enfrentar. Ese día recibió un puño en su estómago, pero una atención médica rápida, no le pasó nada. Ese día la policía llegó a su casa y amenazó a su padre con que, si eso pasaba otra vez, volverían y lo golpearían dentro de la estación de policía. Sabían que esa no era la solución, pero por ese momento hizo que el hombre tomara un poco de cordura y se alejara de ellos, aunque pocas semanas después nuevamente agredió a su madre y esta vez físicamente. En ese momento fue que Sofía decidió cortar toda relación con ese hombre porque sabía que era una persona toxica para su vida y para la de su hijo, que apenas era un niño. No quería que él creciera pensando que lo que estaba viendo estaba bien y se dedicó día y noche a que su hijo entendiera que esa clase de conductas eran malas. Por eso, era que él no le había comentado nada de lo que había sucedido en la universidad cuando golpeó a uno de sus compañeros. Porque sabía que su madre le regañaría porque no era la educación que ella le había dado.    La palma de la mano de su novia hizo que dejara aquellos pensamientos atrás y lo miró, sonriendo. Se había sentido completamente dichoso de haber estado ese fin de semana en su ciudad natal y aún más de haber estado de la mano con esa mujer que tanto amaba. Después de que le había dicho que aquellas palabras, habían comenzado a besarse y llegado más allá de lo que había pensado; y, había amado el momento. No sólo porque había confiado en él algo tan preciado para ella, sino por el amor que había entre los dos. —    ¿En qué piensas? —    No mucho. Quiero ya irme. —    Mis padres están terminando de almorzar. Apenas dejen todo listo, arrancaremos hacia la audiencia. —    Está bien. Esperaron unos minutos más. Tal vez media hora. Hasta que por fin se subieron al auto y se dirigieron directo hacia la audiencia. Ésta se estaba llevando a cabo en el centro de la ciudad, lo que hacía que se demoraran un poco más por el tráfico que había en aquellos tiempos. Las manos de Ansel se sentían frías al tacto y sus palmas sudaban. Pero eso no importó. Mientras se acercaban cada vez más a los juzgados, se llenaba de fuerzas para hacer lo que iba a hacer. —    Llegamos —murmuró Jay, sintiéndose melancólica. Era un momento difícil para ella también. Por su hija y por su relación con Sofia—. Mucha fuerza para todos. Ansel sabía que lo decía más por él y asintió, dándole las gracias. Aquel pasillo se veía inmenso, largo, como si no tuviera una salida. Pero Ansel ni siquiera observó el suelo. Levantó su cabeza y miró hacia el final de este, entendiendo que pronto todas las cosas cambiarían. También se preguntó por la nueva familia de su papá. Sí era que él también los había maltratado, a punto que estuvieran ahí y que, sorpresivamente dieran su declaración en contra del hombre. Él no podía estar más tiempo en las calles amedrentando a las personas y lastimándolas como había hecho con su madre y con Aubrey. Él tenía que pasar varios años de su vida tras las rejas para que aprendiera que las cosas que él había estado haciendo estaban completamente mal. Cuando entró al recinto pudo observar a su madre de espaldas a él. El abogado de su familia lo estaba mirando y cuando se dio cuenta que él estaba ahí, levantó las cejas sorprendido. Tomó suavemente del hombro a su madre y le señaló avisándole que su hijo se encontraba detrás. La mujer volteó con rapidez y lo observó, llenándose sus ojos de lágrimas. No sabía por qué estaba ahí, pero era un apoyo incondicional para ella y le reconfortaba el corazón que estuviera.    La mujer corrió y le abrazó con fuerza. No había pasado mucho tiempo, pero lo extrañaba como no tenía idea. —    Hijo —susurró entre sollozos—. Te amo. —    Mamá… —los ojos de Ansel comenzaron a lagrimear y él se limpió suavemente—… Te amo también. La mujer se separó cuidadosamente de su hijo y observó sus ojos esmeraldas que ella también poseía. No podía creer que estuviese allí y ella más que nadie se sentía apoyada viéndolo ahí. Era un momento complicado y no quería que su hijo solamente estuviera por una reunión en el computador, sino que, por el contrario, quería que él estuviera presente. Pero, también sabía que tenía obligaciones académicas que cumplir y definitivamente no iba a aceptar que faltara a ellas solamente porque estaban sintiendo mal en ese momento. Sofia se despegó de golpe y le miró fijamente. —    ¿Por qué no estás estudiando? Ansel tragó saliva con fuerza. No había pensado en qué le iba a decir a su madre cuando la viera. —    Es fin de semana mamá —comenzó—. Y si, todos mis deberes los hice entre semana y por eso pude viajar aquí. Quería acompañarte. La mujer sin poder creer lo que estaba escuchando, continuó preguntando. Ella siempre había confiado en su hijo, pero no era una estúpida que creyera todo lo que él le decía—. ¿Me estás diciendo la verdad? —    Si… —    ¿Cuándo llegaste? —    Ho-hoy en la mañana —respondió inquieto. Tenía miedo de que su madre descubriera su mentira. —    ¿Estás seguro? ¿No me estás mintiendo? —    No mamá. Créeme. Cuando Sofía iba a comenzar a hablar, entró la jueza con una actitud imponente frente a todos. Aquel caso era importante para ella al ser una mujer y el poder escuchar los testimonios de varias personas valientes. —    Buenas tardes a todos —habló—. Mi nombre es Mónica y seré la jueza que lleve este caso. Todas las personas en el recinto respondieron su saludo y procedieron a sentarse cada una en su lugar. —    Muchas gracias por venir en este día tan difícil. Muchas gracias a las dos partes por presentarse y gracias por permitirme ser yo la persona que maneje este caso —comenzó su discurso—. Poseo veinte años de experiencia en casos de violencia intrafamiliar y considero que soy la persona idónea para manejar el caso. Dando inicio, quisiera que se presentaran las dos partes para que procediéramos a comenzar esta sesión. Cada una de las partes se presentó y Ansel tomó la mano de su madre mientras hablaba. Él también había tenido que dar una pequeña introducción acerca de él y quién era para la vida de aquel hombre. Mientras Ansel hablaba, su padre lo observaba. La rabia brotaba de sus poros y se notaba que, si pudiese correr hacia él y golpearle, lo hubiese hecho. Pero que no le importó, y continuó explicando lo que tenía que decir. No se iba a dejar intimidar por su padre.
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