El aroma del café recién hecho se mezclaba con el de los panqueques que Claire estaba preparando en la cocina de Jack. Aquel era su último día en su casa antes de regresar a la suya, y aunque lo había disfrutado, no podía evitar sentir un poco de nostalgia. Había pasado días enteros junto a él, conociéndolo más allá del hombre travieso y carismático que era. Este le había mostrado un lado tan dulce que en lugar que sentirse empalagada, se había vuelto adicta. Despertarse a su lado, besarlo, escuchar todo lo que tenía para decir y sentirlo tanto física como espiritualmente, era algo grandioso que solo Jack podía darle. Su actitud hacia el era abierta. Jack era una caja de sorpresas y retos que cada día la hacían esforzarse por estar a su altura, por corresponderle de la misma forma en

