Claire caminaba lentamente por los pasillos de la tienda, con una mano en su vientre y la otra sosteniendo la de Adeline. A pesar de lo mucho que disfrutaba preparar su boda, había días en los que se sentía abrumada. —Mami, ¿estás cansada? —preguntó Adeline, mirando a su madre con ojos preocupados. Claire sonrió con ternura y acarició el cabello de su hija. —Un poco, cariño. Tu hermanito no me deja caminar tan rápido como antes. Adeline frunció el ceño y miró la pancita de Claire. —Entonces dile que se porte bien. Claire soltó una risa ligera. —Lo intentaré. Pero mientras tanto, tenemos que encontrar un vestido para la boda. Adeline saltó emocionada. —¡Quiero ayudarte a escoger! Quiero que seas la novia más bonita del mundo. El corazón de Claire se enterneció con las palabras d

