Vincent caminaba con las manos en los bolsillos, sintiendo la brisa nocturna contra su rostro mientras se dirigía a su auto. Había tenido un día largo, lleno de reuniones, decisiones apresuradas y pensamientos que no lograban encajar en su cabeza. No estaba seguro de qué lo agotaba más, el trabajo o el constante recordatorio de los errores que lo habían traído hasta este punto de su vida. Justo cuando estaba a punto de cruzar la calle para llegar a su auto, algo llamó su atención. A través del cristal de un restaurante, vio una silueta conocida. Se detuvo en seco. Era ella. Lylac. Su cabello ya no tenía aquel tono lilac que la hacía destacar, ahora era un color oscuro natural que caía en suaves ondas sobre sus hombros. Su piel, que solía tener un brillo saludable, lucía más pálida,

