Capitulo 2

1122 Words
Angela: ¿Alguna vez has tenido un deja-vu? Pues yo creo tenerlo ahora mismo. ¿A quién me recuerda este sujeto? No dejo de pensar que lo he visto en algún lado. —Ethan Blackwood —se presenta el hombre mientras me estira la mano Yo me enderezo alejando mi cabeza y mi cuerpo lejos de su pecho —Avery —suelto aun medio perdida por toda esta ridícula situación Él sonríe de medio lado —¿no tiene nombre? —Angela —entonces tomo su mano por un acto reflejo. Después de todo había estado extendida todo este tiempo. El aprovecha el apretón para jalarme cerca de él y siento su aliento en mi oído —¿Bailas pequeña? Mido 1.60 No soy pequeña. —¿Porque debería? El parece ignorar mi pregunta cuando sus manos se posan en mis caderas y comienza a moverse al ritmo de la música. Yo le sigo el ritmo sin más remedio. No es que lo haga bien. Lo dije, no bailo. —¿Eres uno de esos jovenes ricos que no saben aceptar un no como respuesta? —le interrogo. —No te he escuchado decir un no. Chico listo. Se lo doy. Me rio. Cielos, de verdad estoy borracha—quiero un dulce El alza una ceja divertido —¿quieres salir de aquí a por algo más dulce? No soy ingenua, sé que debería haberlo captado por el tono, pero estaba tan confundida y distraída por igual que lo único que quería era dejar de escuchar esa música estrepitosa —Si. Lo tomo de la mano y lo saco casi corriendo del bar, el tipo me sigue el ritmo con cara de genuina confusión mientras lo llevo por la calle y paro un taxi —¿Qué haces? Tengo un auto. Veo su ropa, y luego a su costoso reloj. Por supuesto que tiene un auto. Me rio más de el —un transporte público no te matara Su ceño se frunce ligeramente —No iremos en un taxi —¿Prefieres un bus? Abre la boca para decir algo, pero lo empujo dentro —eh eh. Esto es un secuestro Viéndolo de esta manera ya no me cae tan mal. Le digo al taxista que nos lleve a una heladería cercana calles más abajo. —Ya no te quejes —Yo no dije… —¡Basta Rogelio! —le digo con el acento y el tono perfecto —¿Quién es Rogelio? —más confundido aún. Claramente este sujeto ni siquiera ve memes en internet —Es como mostrarle el mundo a un pequeño... —murmuro negando Cuando llegamos, lo bajo del auto con igual rapidez. Noto que el tipo esta tan mareado como yo cuando intenta hablarle al poster de luz. Supongo que no soy la única borracha Pido unos helados y me rio cuando el intenta pagar con un billete de cien. ¿esta loco? Termino pagando por él. En algún momento a ambos nos da un ataque de risa. ¿De qué nos reíamos? —Cuando dijiste que querías algo dulce estaba pensando en otra cosa… —¿Cómo en qué? Me queda mirando un largo rato genuinamente sorprendido, como si yo hubiera salido de otro planeta. O como si algo no estuviera bien en mi cabeza —¿no quieres un mejor un champan? ¿Caviar? ¿o algo más…? —¿Fuerte? ¿O caro? —¿No te sorprenden las cosas caras? A todas las mujeres les gustan los regalos caros. Que tontería pensar así —claro que me sorprenden las cosas caras. Me sorprenden porque yo no tengo acceso a ellas y no puedo tenerlas. Así que obviamente me sorprendo cuando veo esas cosas. Es una reacción natural. —Así que no eres una mujer hipócrita después de todo. ¿buscas a un hombre por dinero? —¿Buscas a una mujer por su belleza? —Si. —No. El parpadea, pero no dice nada más. Entonces acabo mi helado y le acepto el jodido champan en un club más abajo aún. —Estoy celebrando que conseguí un trabajo—confieso —Yo celebro cada fin de semana —Que divertido suena tener dinero para gastar sin preocuparte por las deudas —Te ves muy joven como para tener deudas —No tienes idea… —murmuro por lo bajo mientras desvió la vista a la calle. ¿Qué expresión tendré ahora? —Yo tomo para poder convertirme en alguien mas.—escucho su confesión Lo miro, todo me da algo de vueltas ahora —¿quieres olvidar de que tú eres tú? Él se soba las manos —no soy mejor que mis padres —¿Qué quieres decir? —Debo demostrarle al mundo que valgo tanto como él. Cargo su apellido. Yo necesito... —se detiene solo unos momentos —nunca seré suficiente —Te sientes atrapado ¿no? El asiente —Yo también. Pronto siento su mano acomodando un mechón de mi cabello. Cuando mis ojos se posan en los suyos, él se acerca, Sus labios se ven mojados y carnosos. —¿puedo? —No El ríe —¿Segura? —Antes tendrías que casarte conmigo Mas risueño. El chico ha pasado de parecer la calamidad a un ángel —bien. Entonces casémonos. A la mierda todo. ¿Aceptas? —¿Eso haría mi vida más fácil? —Eso resolvería tu vida, Angela Cierro los ojos permitiéndome creer ese milagro —entonces sí. *** Madre santa. Mi cabeza está a punto de explotar. Cuando mis ojos se abren lentamente a la mañana siguiente no recuerdo nada. Cuando miro a mi alrededor observe toda la habitación. … ¿Dónde carajo estoy? Siento un poco de frio y doy un respingo cuando noto que estoy sin ropa. ¡Sin ropa! ¿Qué mierd…? Me levanto de un salto y empiezo a vestirme aun confundida por todo tratando de acordarme que rayos paso ayer. ¿Qué hice? ¿Qué hicimos? ¿Acaso me acosté con alguien ayer? Entonces siento la piedra pesada en mi dedo y me paralizo. ¿Cómo llego eso hasta ahí? ¿Es de verdad? Alzo mi mano a la altura de mis ojos para apreciar el material del anillo. Se de estas cosas. Lo se. Es real. Y es carísimo. No recuerdo nada. Nada, salvo los ojos azules del hombre que se hacía llamar Ethan Blackwood. Y casi como si lo hubiera invocado, el hombre aparece por la puerta del baño abriéndose. Envuelto en una toalla de cintura para abajo con los abdominales bien formados al descubierto. Sus ojos fijos en mí, igual de confundidos e interrogativos. —¿Y quién demonios eres tú? Si, mi vida iba en picada.
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