—¡A mí no me pasa nada! Al menos yo he sido honesta y honrada — replicó ella, con una sonrisa amarga. —¿Qué es lo que quieres decir? —¡Venga ya! ¿De verdad quieres que te lo diga? —Una de las razones por las que he venido aquí esta noche es porque me acusaste de corrupto la última vez que te vi. Así que, sí, me gustaría que me dijeras lo que te está pasando por ese cerebro tan complicado que tienes. Porque, sinceramente, me parece que tienes flojo un tornillo. —¡Mi cerebro está perfectamente! Sin embargo, si quieres que te lo diga, me alegrará mucho hacerlo —le espetó ella, con los ojos echándole chispas, mientras le contaba, paso por paso, los métodos que ella creía que él había usado para ganar su cooperación y así asegurarse el resultado de la absorción—. Desgraciadamente para ti, h

