La respiración de Sara se cortó cuando lo empujó lejos de sí misma con dureza. —¿Por qué me miras así? —Eros soltó una risita y Sara tragó saliva antes de alejarse de él. Hubiera sido mejor si nunca recordara esa noche. Porque, ahora, podría ser demasiado difícil permanecer tan cerca de él sin perder la cordura. —Mantente lejos de mí. En la medida de lo que puedas. No me importa lo que eres y quién eres en absoluto —Sara negó con la cabeza, su voz ya no era tan dura. Eros la miró. Silenciosamente. Observó sus mejillas que se estaban poniendo rojas, su nariz que tomaba el mismo color. La miró fijamente a los ojos que estaban abatidos mientras ella se lamía lentamente los labios. Si no lo supiera mejor, habría pensado que ella lo deseaba. O tal vez él no la conocía en absoluto. Una son

