La mente de Sara seguía repitiendo lo mismo una y otra vez. Estoy bien. Estoy bien. Voy a estar bien Todavía podía ver la sangre roja carmesí en sus manos cuando su mente supo que ya no estaba allí. Su mente le estaba haciendo ver cosas que, para empezar, no estaban allí. Todo el día... Pasó todo el día sentada en su habitación. Pase lo que pase en su vida, nunca se encerró así. Pero, de nuevo, ella nunca había matado a alguien antes. Su mente estaba teniendo dificultades para dejar atrás ese momento de su vida. Todavía podía sentir su sucio toque por todo su cuerpo. Su cuerpo se estremeció con repugnancia. ¿Era esto lo que la gente como Gabriel hacía con los débiles? Cuando Gabriel descubrió que Sara no estaba respaldada ni favorecida por el abuelo Magnus, se abalanzó sobre ella c

