El aire frío me cortaba la cara mientras me alejaba del café Riverside. Caminaba rápido, como si con cada paso pudiera escapar de la imagen que me perseguía: aquel rostro en el coche. Ese perfil que conocía mejor que el mío, esos ojos que alguna vez me hicieron sentir segura y que después se convirtieron en mi mayor condena. —No puede ser —murmuré, apretando la bufanda contra mis labios. Pero lo había visto. Aunque fuese solo un instante, lo reconocí. Daniel. Mi corazón latía tan fuerte que me costaba respirar. Me repetía una y otra vez que quizá eran imaginaciones, que el miedo podía jugarme una mala pasada, que quizá era solo un desconocido con un parecido maldito. Pero la duda era un cuchillo en mi pecho. Y Gretta… Me detuve en la esquina, paralizada por un pensamiento que me heló

