Daniel El reloj del hotel marcaba casi las tres de la madrugada cuando Frankie irrumpió en mi habitación sin siquiera tocar. Su rostro estaba encendido, la mandíbula apretada. Supe de inmediato que algo había sucedido. No lo estaba esperando. Si vino hasta aquí es porque algo realmente importante paso o eso espero. —Tienes que escucharme —dijo, cerrando la puerta tras de sí. Me levanté del sillón. Había pasado las últimas horas revisando el mismo informe una y otra vez, un manojo de calles y nombres en Brooklyn que no me llevaba a ningún lado. La frustración me carcomía. —¿Qué pasa? —pregunté con voz ronca. Frankie no se anduvo con rodeos. —Gretta estaba hablando con Anna. El golpe de esas palabras me atravesó el pecho. Sentí la sangre hervir en mis venas. —¿Qué dijiste? —Lo escuc

