Las semanas que sucedieron a ese encuentro se convirtieron en un limbo incierto pero demasiado hermoso en el que la sensación narcótica de sentirse deseado no permitía ver nada más allá de la persona amada. Paula pasaba la mayor parte del tiempo junto a Carlos. Había logrado que completara su tratamiento, se quedaba en su departamento y hacían los ejercicios allí, no era raro que él quisiera continuar durmiendo, las noches se habían vuelto muy intensas. Podrían haber dibujado sus cuerpos de memoria si así se los hubieran pedido. Habían explorado los límites del placer desafiando tanto al agotamiento como al pudor. La cama, la ducha, los sillones y hasta la alfombra de aquel departamento guardaban las huellas de encuentros explosivos y otros inquietantemente perdurables en los no deseab

