Desde el momento en el que tocaron suelo australiano todo comenzó a precipitarse. Como si formara parte de un torbellino Paula se vio involucrada en una cantidad irreverente de eventos en los que no pudo hacer más que intentar ocultarse de los cientos de celulares y cámaras que los seguían a cada momento. Luego de la tercera parada decidió que su presencia era tan innecesaria como peligrosa. Carlos se manejaba como un pez en el agua, era amable y risueño. Saludaba a sus fans y respondía a la prensa con el mismo carisma. No la necesitaba. Por eso le pidió a uno de sus colaboradores que le indicara como ir al hotel y entre el bullicio se las ingenió para separarse de la comitiva. Pasó parte del día en su habitación y luego se aventuró a almorzar en un hermoso lugar en el centro de Melbou

