Mallorca era uno de los lugares preferidos de Carlos. Allí tenían su casa de verano sus padres y cada año ansiaba que llegara aquella estación para poder disfrutarla. Llevaba demasiado tiempo corriendo, con resultados que ni en sus mejores sueños hubiera podido considerar. Era cierto que disfrutaba de aquella vida, su padre había sido su inspiración y poder compartir con él aquel deporte sólo lo hacía más grande. Ahora lo sabía, lo sabía demasiado bien. Alzó su mirada y el mar se mostró presuntuoso ante sus ojos, su color turquesa y su oleaje ínfimo le daban paz. La playa estaba vacía ya, pero guardaba las decenas de huellas que confirmaban que algo bueno había ocurrido no hacía mucho tiempo. Las risas llegaban con el viento para endulzar sus oídos, la mesa estaba llena y eso era un
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