La seguí contemplando unos minutos, sabía que ya nada sería igual entre ella y yo. Ella me recordaría solo como su jefe, nada más; después de esa noche ya no quedaría nada. Menos de lo que ya quedaba. Odiaría ese lugar, querría irse, nada la ataría allí. Nosotros solo seríamos para ella un par de personas que conoció en su trabajo, nada más. Esperaba que, en esa ocasión sí me resultara. No fue fácil, su mente se resistía a mi poder, cosa extraña, ningún humano tenía esa capacidad y me pregunté si no sería alguien especial, alguien como yo, pero luego me retracté, era imposible, quizá era solo amor el que me volvía débil con ella. La dejé dormida para que despertara en una hora, descansada y tranquila. La mañana la pasé en un ir y venir, ella no despertaba, pensé, en algún minuto, que

