Aquella noche casi no dormí, el solo hecho de pensar en que Tradoir pudiera atacarnos, atacar a Cassandra, me descomponía. No podía entender por qué él querría hacerle daño. Ella no tenía nada que ver con nosotros, con nuestras rencillas, ni nada que se le pareciera; además, él se había enamorado de una humana igual que yo y debía entender que a ella se la debería dejar fuera, que no debía pagar por nuestros errores. Esperaba que los principios de nuestro mundo se mantuvieran firmes todavía dentro de sí, pues sí se decía de él que era un hombre muy recto y justo antes de que nos traicionara y se fuera de Ganímedes. Me paseé por toda la habitación. Intenté ver algo de televisión, me senté al lado de Cassandra en el sofá, la abracé a mi pecho, pero era una posición muy vulnerable en caso d

