[Ernesto Cazares] Al día siguiente de nuestra llegada a Montenegro, fui con Sara y nuestro hijo a la hacienda. El recorrido de la casa de los padres de Sara en el pueblo hasta la hacienda en camioneta era de unos veinte minutos o poco más ya que pasábamos por un camino empedrado y lleno de tierra. Ya habían pasado dos años y aún no me acostumbraba a venir a pasar temporadas a la hacienda, supongo que es por que soy una persona de ciudad, pero mi corazón se alegraba al ver el rostro de alegría de mi esposa al regresar siempre a su lugar de origen. En apoyo a nosotros vinieron mis suegros conmigo, pasaríamos los siguientes días de aquí a navidad en la hacienda. Haría todo lo posible por reconciliarme con papá para que cuando Álvaro llegara las cosas no se salieran de control. Bajamos de lo

