Alcé la vista, vi como la puerta se abrió y el cuerpo se me heló al ver la sonrisa macabra que me dedicó ese rostro conocido. Aparté a Sara de mis brazos manteniéndola a mi lado. Primero me vio confundida pero después apunté con la barbilla hacía la puerta, cuando la vio en el interior del departamento me regresó la mirada confundida - ¿Qué haces aquí Selín? - Rugí enfadado – ¿No te quedo claro que no te quería volver a ver? - No vine a verte a ti, querido Ernesto – dijo sin borrar esa maldita sonrisa que me estaba fastidiando. - ¿Cómo entraste a mi departamento? - preguntó Sara irritada. - La puerta estaba abierta – hizo una mueca de simpleza. - Vete de aquí que tenemos prisa – dije autoritario. Di unos pasos adelante con la intención de sacarla con mis propias manos. Pero ella sac

