Capitulo 10

1529 Words
Lo único que deseo es que vuelvas a mí. Por Ethan Scott ¿Qué haces cuando tu hija le pide a santa para navidad un unicornio morado? O peor ¿Cuándo tus mellizos le piden un hermanito a ese viejo vestido de rojo? Esos eran nuestros dilemas el día de hoy. —Con Sophia será más fácil, amor— me dice mi reina abrazada a mi pecho después de intentar lograr el segundo deseo de navidad. Bueno, en realidad después de tener una noche de sexo desenfrenado y de haber huido por unas horas del estrés que tenemos todos los días. —Sabemos que Gregory y William son demasiado intensos, mi reina y están muy pequeños para entender que ellos serán nuestros últimos bebés. —Pero es cosa de hablarlo con ellos, son pequeños, pero inteligentes y podemos negociar alguna otra cosa que puedan querer. —¿Te parece que lo hablemos mañana? Ahora quiero disfrutar estás horas de paz y tranquilidad que tenemos los dos solitos. —Aww, que tierno te has puesto con el tiempo. —Y tu más apetecible, mi reina. —¡Ethan! Nos volvimos a fundir en un beso apasionado y ya estaba listo para otro round con mi hermosa esposa, tomé sus hermosos pechos y comencé a besarlos hasta que estaban absolutamente erectos y ahí fue que me deleité con ese exquisito sabor que tenían, mi Reina gemía bajito y creo que era porque se había acostumbrado a no meter bulla en la casa, para no despertar a los niños. —Déjate llevar, estamos solos, mi reina—Baje hasta su monte de venus y abrí sus piernas para disfrutar de sus pliegues. —Ah… sigue así, que rico, Ethan — me dice entre jadeos, mientras toma mis cabellos para que mi cabeza se funda con sus labios, los que lamo y chupo a placer, cuando su cuerpo comienza a vibrar me bebo todos sus jugos y me levanto para que ella se pruebe. —Sigues tan deliciosa como la primera vez. —Te amo, mi ogro gruñón. —Y yo a ti mi hermosa reina. Mi m*****o se adentró en su cuerpo de esa manera perfecta que tanto me gustaba y volvimos a ser uno. El tiempo lo único que había cambiado en nosotros eran los años transcurridos y que ahora se demostraban en algunas canas y líneas de expresión. Amaba a esta mujer, incluso más que el día que la conocí en ese avión y sabía que ella me amaba con todos mis defectos y virtudes. Éramos y seremos el uno para el otro… La mañana comienza con los primeros rayos de sol que se colaban por la ventana del hotel en que nos habíamos quedado por una noche. Estiré mis brazos y el lugar que ocupaba mi mujer estaba vacío y frío, como si se hubiera levantado temprano. Abrí mis ojos y busqué a mi bella reina, pero nada. —Val ¿Estás en el baño? — nada… Me levanté un tanto preocupado por no escuchar nada en la habitación, tenía una sensación extraña ybun escalofrío se instaló en mi espalda. —Val, no seas una bruja mujer ¿Dónde te escondite? Busqué en cada parte de la habitación y no estaba, mi esposa había desaparecido. —¿Será que hubo una urgencia con alguno de nuestros pacientes? No, no lo creo, me lo habría dicho, ella no trabaja así. ¡Los niños! Busqué mi teléfono y comencé a deslizar mis contactos para dar con el número de mi reina. —¿Dónde está? — su identificador no aparecía — esto no puede estar pasando, ¿Cómo se pudo borrar su número? Busco en mi listado de contactos y algo pasa, ninguno de los chicos aparecía, no era solo Val la que desapareció. Bruno, Nath, Alma y no se cuántos más no estaban. —Maldito teléfono ¿Qué está pasando aquí? Respiré hondo y me decidí por darme una ducha, necesitaba salir de aquí y saber qué está pasando. Me metí a la ducha pensando que el agua fría me despejara los pensamientos y un escalofrío me caló hondo. Me vestí lo más rápido que pude y salí de la habitación, bajé el ascensor y me aproximé a la recepción para dejar las llaves. —¿Todo bien, señor Scott?— me preguntó la recepcionista, al recibir las llaves. —Todo bien, señorita— miré su gafete y sonreí por cortesía —Laura. Ah, por si acaso ¿mi esposa salió temprano? —¿Su esposa? Ah… la señorita que lo acompañó anoche—revisa el libro y continúa—. Sí, ella salió a las seis de la mañana. —¿Dejó algo dicho para mí?— la mujer me mira extrañada y busca entre los documentos que tiene encima. —No, nada, señor Scott. —Gracias— digo por fin y salgo hacia el estacionamiento para tomar mi auto y enfilar rumbo al hospital, no sé cuantos altos me pasé, pero ese escalofrío que había sentido era demasiado persistente. Al llegar al hospital me estacioné en mi lugar y bajé rápido, cuando voy llegando a la entrada me encuentro con mi amigo del alma, Bruno y la tranquilidad vuelve a mí. —¡Bruno!— este se detiene en seco y vuelve sus ojos hacia mí, pero en vez de ver la sonrisa juguetona de mi amigo, veo una mueca de espanto. —¡Carajo! ¿Y ahora que hice?— dice por lo bajo y yo lo miro extraño —Señor, Scott. Buen día. —Deja la formalidad idiota ¿Qué broma me estás haciendo con mi mujer? —¿De qué habla señor Scott? No lo estoy entendiendo. —Te estoy diciendo que dejes de hacer tu teatrito y dime donde está Val. —¿La doctora Soré? Pues ni idea, debe estar terminando su turno o qué se yo. —Bruno ¿Qué te pasa?— pregunto molesto, ya era hora que se dejara de hacer la bromita del año, no era el momento. —A mí, nada, señor Scott, mejor dicho ¿qué le pasa a usted? Jamás hemos sido tan cercanos para que me trate de esa forma. —Bruno, de verdad que ya para con la bromita, tengo mucho papeleo antes de navidad y ya sabes que no soy de tener mucha paciencia. —Pues entonces, deje de preguntar burradas y siga con su camino. Tengo muchos pacientes que ver por culpa de sus recortes presupuestarios y una infinidad de registros que llevar. —¿De qué hablas? Hace tiempo que estamos bien y yo nunca he hecho eso, tú más que nadie sabe lo que me importa este hospital. Bruno, por favor ya para con la broma y dime dónde está mi esposa. —¿Su esposa? Señor Scott ¿Qué se fumó? La verdad que soy yo el que no lo está entendiendo—respiro hondo, antes de asesinar a mi amigo y lo encaro. —Mi esposa, Val. La madre de Sophia, Greg y Will, tu mejor amiga y también la mejor amiga de tu esposa. —¿Mi qué? —Tu esposa, Hannah— la risa de ese loco volvía a su rostro, por fin no se aguantó y me diría la verdad, pero nuevamente vuelve a fruncir el ceño y me habla molesto. —Señor, Scott. Lo primero y creo que en lo único que tiene usted razón es que Val es mi mejor amiga, pero ni está casada con usted, ni tiene hijos y mucho menos yo estoy casado con la doctora Sinclair. De verdad ¿qué le pasó señor Scott? —Bruno, no estoy entendiendo nada, yo soy el director en jefe de este hospital, Val es mi esposa y tú eres mi mejor amigo— digo sintiendo que el escalofrío me cala los huesos, ¡Esto debía ser una pesadilla!—. No sigas con esta broma. —Señor Scott, será mejor que lo lleve a su oficina, ahí podré hacerle una revisión. —Bruno… Mi amigo, que dice no serlo me lleva del brazo, mientras todos nos miran como bichos raros ¿Qué mierda estaba pasando hoy? Subimos al ascensor y Bruno marca el piso donde vamos y yo trato de respirar, me suelto la corbata con fuerza para dar un poco más de aire a mis pulmones. Llegamos al piso de dirección y una chica vestida como para ir al puticlub nos saluda. —Señor Scott, buenos días ¿Se siente bien? —Pues claro que no me siento bien, dónde está Paola. —¿Quién? —Paola, mi asistente— digo, entrando con Bruno a mi oficina. —Señor, yo soy su asistente hace tres meses, no conozco a la tal Paola. Bruno niega con la cabeza y luego le hace un ademán a la chica para que salga y es ahí que noto que mi oficina no está como yo la dejé. No están las pinturas de mis hijos ni de los niños de cardiología, las fotos familiares y ¿Mi título? Me acerco para verlo y ahora sí que me voy a desmayar. —Ethan Scott… ¿abo qué?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD