UNA DECISIÓN DIFÍCIL

1343 Words
La compañía femenina, la piscina y la carne asada fue una brisa fuerte que se llevó las tensiones que existían. Al día siguiente todo era optimismo. Incluso, un ayudante de nombre Pedro Garay contaba muy convencido que la mujer con la cual estuvo lo iba a esperar en Medellín. Al parecer se había ido muy enamorada. Las bromas iban y venían sobre el pobre Chuchito, que por primera vez se veía callado y pensativo. Y es que tenía bastante en que pensar. Contarle a todos lo que le había dicho Cristal era demasiado peligroso, no había duda. Pero si no decía nada, lo mejor era buscar la manera de irse muy pronto de allí. ¿ Habían matado a otros albañiles? Bueno, las mujeres de la cocina habían llegado primero que ellos. Ellas debían de saber algo. Para hablar con Rosaura tocaba inventar alguna disculpa, "mala jeta" estaba siempre en el chinchorro pendiente de todo. Y la disculpa llegó después del almuerzo, mientras reposaban en el kiosco. Dos mujeres, una de ellas Rosaura, llegaron cargando un cilindro de gas de cien libras, al parecer, el que estaba en servicio se había acabado. -Esas pobres mujeres vienen que ya no pueden más. Voy a ayudarlas, dijo Chuchito. -Sera para lo único que sirve ese pendejo, dijo uno de los obreros y todos soltaron la risa. Cuando el cilindro lleno estuvo cerca del que estaba vacío, el albañil pregunto: -¿ Tienen una llave para aflojar el generador? -Si, ya la traigo, dijo la otra mujer. En esos pocos segundos que se quedaron solos, Chuchito que estaba de espaldas al kiosco le dijo a Rosaura: -Que pasó con los otros albañiles, los que empezaron está obra. La mujer también estaba de espaldas al kiosco y contesto: -Anochecieron y no amanecieron. Y aquí no se puede preguntar nada. La respuesta de la mujer fue la gota que llenó el vaso. La preocupación de Chuchito fue tanta que los otros obreros lo vieron venir y le dijeron: -Apenas movió el cilindro y viene pálido. Las mujeres como que tienen más fuerza que usted. -La verdad es que no estoy muy bien. Me siento como mareado, dijo el obrero, buscando justificar su palidez. - Muy posiblemente le hizo daño toda esa carne que se comió ayer. Parecía que lo estaba matando el hambre, dijo uno de sus compañeros. -Tal vez le hizo daño la carne asada, porque de la otra carne no pudo comer, dijo Pedro Garay y las risas continuaron. Pensamientos trágicos asaltaron esa noche a Chuchito. Ahora estaba seguro que la posibilidad de que sus amigos salieran con vida de aquel sitio dependía de él. Escapar y dar aviso a las autoridades. En el ejército había aprendido que existe un momento en la noche donde casi todo el mundo duerme: desde las dos hasta las cinco de la madrugada. Si quería tener alguna posibilidad de salir sin ser visto esa era la hora indicada. Pero también estaba el problema de la gente que andaba con "mala jeta. Eran siete hombres. Siete y los cuatro que siempre estaban de guardia en la noche eran un gran riesgo. Al parecer los planes de fuga empezaron a ir por buen camino. "Mala jeta" se fue muy en la mañana con sus hombres y dejó encargado de todo a Juan "tres dedos ". Juan era alto, tenia los ojos verdes y una mirada que no era facil de sostener: mirada de criminal, como dicen los jueces. Lo llamaban "tres dedos ", por qué en una pelea de cantina, cuando tenía 19 años le habían quitado dos dedos de la mano izquierda de un machetazo. Mató al que lo hirió. Fue el primero. De los otros que había matado de ahí en adelante no tenía muchos recuerdos. Si Antonio "mala jeta" hablaba poco, Juan "tres dedos" era todo lo contrario. Se instaló en el chinchorro que estába en el kiosco y le echaba piropos a las cocineras, en especial a Rosaura. A la hora del almuerzo preguntó: -¿ Y si entregan la obra para la fecha que les dijeron? -Al paso que vamos, yo creo que la entregamos antes. Creemos que por ahí el 20 ya está listo todo, dijo el maestro Gabriel. -Si eso es cierto, les aseguro que los patrones les hacen una fiesta con mujeres y orquesta. Lo de ayer es nada comparado con lo que se pueden ganar. Un murmullo de aprobación fue la respuesta de los obreros. -Ojala vuelva la novia mía, dijo Garay, que al parecer no se podía sacar de la mente a la prepago con la que había estado. -¿ Como se llama la mujer?, preguntó "tres dedos". -Se llama Cindy. Juan "tres dedos" soltó una carcajada y dijo: -Como no. Con usted ya le conozco como 10 novios. Esas mujeres no se enamoran de nadie. Chuchito sintió que por fin podía vengarse un poco de la burla de todo el día y dijo: -Usted si es bien pendejo, Garay. Y ya pensando en dejar a su pobre mujercita por esa loca. La noticia de la fiesta fue un motivo más para seguir trabajando duro. La esperanza de todos era estar con sus familias para las fechas importantes de diciembre: 24 y 31. Además, se estaban ganando la plata para los estrenos. Nadie sabía cuando volvería Antonio "mala jeta". Podía ser esa noche, al otro día. No había manera de saberlo. Por eso, porque solo se podía contar con lo que había, Chuchito decidió que esa era la noche en que se iba a ir. Tenía que decirle a Rosaura. Y ya sabía cómo lo iba a hacer. El termo de café se volvió algo obligatorio después de la cena. Los que prestaban guardia en la noche tomaban pocillos de tinto para no dormirse. Juan no estaba en el chinchorro y Chuchito aprovechó para llevar el termo a la cocina. Desde la puerta le mostró el termo a Rosaura y ella vino a buscarlo, cuando estuvieron cerca, el obrero le dijo: -Esta noche nos vamos, después de las 12. Esté pendiente. Rosaura miró al hombre unos segundos y se devolvió para la cocina. Cuando regresó al kiosco, Juan le dijo a Chuchito: - A ustedes se les dijo que nada de habladera con las cocineras. -Estaba llevando el termo para que le echarán café. Ya se había acabado. -Ese no es trabajo suyo. Deje que los que cuidan de noche estén pendientes de eso. -Me disculpa, patrón. Parece que me pasé de lambon, dijo Chuchito con algo de vergüenza. -Se paso de lambon y bastante, dijo "tres dedos" en un tono áspero. Ni Rosaura ni el obrero tenían reloj. Y la hora era crucial si querían tener exito. El albañil inventó una historia para que le prestarán uno. Dijo que seguía con mareos, que tenía que tomarse unas pastillas cada seis horas y no quería estar despertando a nadie. El maestro Sástoque tenía un reloj marca Invicta bastante viejo. Pero al parecer era un recuerdo de familia y no se lo prestó por temor que se lo fuera a dañar. Un ayudante llamado Orlando Piraquive le prestó un Seiko bastante aporreado por el uso. Ahora con el reloj ya todo estaba listo. El tiempo cuando se espera algo parece alargarse. Las horas se hacían eternas para Rosaura y Chuchito. Los dos estaban pendientes de que las conversaciones de los que patrullaban la propiedad terminarán. Y el reloj apenas marcaba las 10. Después de las once nadie conversaba, pero todavía se escuchaban pasos que iban y regresaban. A media noche el sueño pudo sorprender a Chuchito. A pesar de que estaba contando cada segundo se alcanzó a dormir un poco más de cuarenta minutos. Cuando se despertó era la una. Ahora ya no había vuelta atras. Era ahora o era nunca. Muy lentamente abrió la puerta de su habitación y vio que todo estaba solitario. Sigilosamente se deslizó hasta donde dormía Rosaura y tocó con la punta de los dedos la ventana. La puerta se abrió casi de inmediato. La fuga había comenzado.
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