Saber que Chuchito se había ido y que habían salido a buscarlo creó cierta inquietud en sus compañeros. ¿Que le iba a pasar si lo encontraban?, era una pregunta que se hacían. El hombre de los lentes Rayban les había dicho que los narcos, dueños de la obra, no querían que nadie llegara a saber dónde estaban las caletas ni sus escondites. Y entonces, si Chuchito lograba llegar a Medellín y le contaba a la policía donde estaba trabajando y lo que estaba construyendo, ¿ llegarían las autoridades a allanar la casa?
De todas estas cosas se hablaba en voz baja. Mientras desayunaban y después en el trabajo. Siempre bajo la mirada de los guardias, que ahora estaban muy pendientes de todo. Querían enmendar su descuido.
El descuido de los guardias también perjudicaba la imagen de Juan "tres dedos". Ahora que ya había capturado a los que se habían ido sin permiso, le tocaba informar a Antonio "mala jeta", su jefe inmediato:
-Aqui Juan para Antonio, llamó por el radio.
Antonio contestó inmediatamente:
-Adelante. Que novedades tiene.
Juan le comunicó todo lo que había pasado. Y le preguntó:
-Usted me dice patrón que hago con este par de pintas.
-Usted ya sabe lo que hay que hacer. Lo que si le toca es inventar una historia bien bonita para no asustar ni a los obreros ni a las cocineras.
- En eso tiene razón, patrón. Mire lo que nos pasó con los primeros albañiles. Y ahorita, para estás fechas nadie va a querer salir a trabajar fuera de la ciudad.
-Por eso. Entonces póngase las pilas y me resuelve ese problema. Así, bruscamente terminó la llamada "mala jeta".
Después que terminó la llamada, Juan se montó en la camioneta y dijo, mirando a Chuchito y a Rosaura:
-Ahora, vamos a dar un paseo con estos señores para que conozcan todo este vecindario.
El albañil no hablaba. Siempre había sido rebelde. Por eso sentía que decir cualquier cosa era perder el tiempo.
-¿ Y para donde nos llevan?, preguntó la mujer.
-Ya va a ver para donde vamos, dijo "tres dedos" tranquilamente.
La camioneta se apartó de la carretera y tomó un camino que atravesaba un potrero. Al fondo había lo que llaman una mata de monte bastante grande.
Las llamadas "matas de monte", son bosques que se forman en lo potreros y los ganaderos las consideran una bendición. Allí el ganado se defiende del ardiente sol del verano. Pero en aquel paraje solitario no había ganado ni casas que estuvieran cerca.
Juan detuvo la camioneta y le dijo a sus hombres:
-Lleven a este señor y le muestran el paisaje. Y no me interrumpan por unos quince minutos, mientras hablamos de amor con esta dama.
Uno de los hombres agarró a Chuchito por el cuello de la camisa y le dió un fuerte tirón hacia afuera. El albañil trastabilló al salir, por el jalón que le dió el bandido, y porque le temblaban las piernas.
Juan vio alejarse a los hombres y se pasó para atrás, donde estaba Rosaura.
-Vea como es la vida, le dijo. Tanto que yo le decía que estaba bonita y no me paraba bolas, ¿ verdad, mi amor?
-Es que yo vine por aquí tan lejos fue a trabajar, no a putiar, dijo la mujer con firmeza.
En ese momento sonó el primer disparo y Rosaura dió un grito. Y entonces sonó el segundo disparo y la mujer dijo llorando:
-Porque tenían que matarlo, malditos. Nosotros solo estábamos trabajando.
-No se preocupe por lo que le pasó a ese pendejo. Preocupese por lo que le va a pasar a usted, dijo Juan arrancándole la blusa de un jalonazo.
Cuando iban de regreso, uno de los guardaespaldas de Juan, dijo distraídamente:
-Cagada que nos tocó matar la hembrita, patrón.
-Y que podíamos hacer, dijo Juan. Si la llevábamos devuelta para la casa, allá se pone y alborota a las otras viejas. Y si la dejamos ir para Medellín, lo más seguro es que va y le cuenta a la policía lo de la casa y las caletas. En este negocio no se dejan cabos sueltos.
-Tiene razón, patrón. Pero de todas maneras cagada.
El hombre que hablaba iba en el puesto de atrás, se quedó mirando algo que había en el piso y lo recogió. Era algo envuelto en un pedazo de bolsa plástica. Después que lo desenvolvió, dijo muy alegre:
-Lo que es del cura va para la iglesia. Miren lo que me encontré.
Todos voltearon a mirar y vieron al hombre contar unos billetes.
-Aqui hay como doscientos mil pesos, que suerte la mía.
-Ahi están los tres meses de sueldo que se la habían pagado a la mujer, dijo Juan. Y yo no me dí cuenta a qué horas se le cayeron.
-Es que usted estaba en otro cuento, patrón. Dijo el delincuente guardándose el dinero en el bolsillo de la camisa.
Los obreros estaban reposando el almuerzo cuando llegó Juan con sus hombres. No vieron bajarse de la camioneta ni al albañil ni a la mujer y sintieron alegría, pensando que tal vez no los habían encontrado.
Juan se les acercó, con un gesto de preocupación:
-Les tengo malas noticias. Muy malas noticias, a ustedes y a las señoras de la cocina.
-¿ Que le pasó a Chuchito?, preguntó Sástoque.
-Como les parece, que está pareja de enamorados, porque al parecer eso es lo que eran, se fueron por ahí de noche, sin conocer para donde iban, imaginense, con una linterna que parecía un juguete, de lo pequeña que era, y se rodaron por un farallón que hay llegando a un puente.
-Como así, Juan. ¿ Está diciendo que le pasó algo grave a mi trabajador?, dijo Sástoque poniéndose de pie.
-No solo a su albañil, como dice usted, siguió diciendo Juan con voz firme y segura, también a la doña de la cocina. Por eso nos demoramos, buscando un carro para mandarlos para Medellín.
-¿Y con quién los mandó?, dijo Gabriel. Lo correcto es que uno se nosotros hubiera ido a acompañarlo. Todos somos responsables de todos.
-Eso lo entiendo. Pero póngase a pensar maestro, mientras venimos a buscar a alguno de ustedes, la gente que estaban bien aporreados se nos podían morir, dijo Juan muy serio.
-¿ Y como se van a comunicar con la familia de Chucho?, preguntó Gabriel.
-Eso si no es problema, recuerde que las quincenas se le pagan a la familia de él, o sea allá en Medallo saben donde viven. Yo llamé para allá y me dijeron que le avisaban a la mujer de él inmediatamente.
Los albañiles cambiaron una mirada entre ellos, al parecer, algo en la historia no encajaba muy bien.
-¿Y como hacemos para saber cómo sigue el hombre?, preguntó uno de los obreros.
-Yo los voy a mantener informados, ni más faltaba. Ahora lo que necesito es que le recojan las cosas que dejó por ahí para mandársela a la esposa, dijo Juan moviendo la cabeza afirmativamente.
"Tres dedos" se fue a buscar a la cocineras para contarles la misma historia. Los albañiles se fueron a trabajar, con un gesto de preocupación. Cuando estuvieron solos, vieron para todos lados, para hablar con tranquilidad y Gabriel dijo algo que ya todos sospechaban:
-Este hombre nos está llenando de mentiras. Cómo va a decir que le avisaron a la esposa de Chuchito, si él no tiene esposa, él vive es con la mamá.
-Con tal no sea que lo mataron, porque hasta ahí sigo con este trabajo. Me largo de esta mierda, dijo Pedro Garay.
-Nos vamos es pero todos, dijo otro obrero con gesto decidido.
-Yo no veo la hora de irme, dijo Sástoque. Ya a mi me está entrando un mal presentimiento con tanto encierro y con tanta gente armada a todo momento.
-Vamos a echar el resto para largarnos rápido, dijo el maestro Gabriel. Ya este trabajo me está oliendo a mierda.