Dos blusas secando en una cuerda de alambre y unas chancletas, fue lo único que dejó Rosaura por fuera de su maletín. María, su compañera de cuarto recogió esas pocas cosas y tuvo que pelear un poco para poder cerrar la cremallera.
-Aqui está la maleta de Rosaura, patrón. Le dijo María tímidamente a Juan "tres dedos", que se mecía muy tranquilo en el chinchorro.
-Perfecto. Era la maleta que faltaba, ya la del otro muchacho la recogieron hace rato.
Juan llamó a Fercho, su hombre de confianza, que era el que había encontrado el dinero en la camioneta y le dijo, hablando en voz alta para que lo oyeran los pocos albañiles que estaban cerca:
-Mire mijo, se va como un tiro y manda estás maletas para Medellín. Que se las entreguen a los familiares de los aporreados.
-Como no patrón. Ya voy saliendo a hacer esa vuelta.
Lo que había pasado creó un ambiente de incertidumbre entre los obreros. Uno de los que se mostraba más incómodo con la situación era el maestro Gabriel.
-Ahora terminamos pidiendo permiso hasta para ir a cagar. Y fuera de eso, a unos culicagados que pueden ser hijos míos.
-Maestro, pero dejemos tanta quejadera que con eso no se arregla nada, dijo Sástoque. Más bien, venga conmigo, para mostrarle algo que nos toca hacer y no estaba en la cuenta.
El túnel llegaba hasta una casa en ruinas que estaba fuera de la cerca, junto al monte. La excavacion terminaba debajo del piso de la casa.
-Mire, maestro, dijo Sástoque, tocando con un palo el concreto que tocaba romper para hacer la salida del túnel, aquí, después que rompamos esto nos toca hacer una escalera de unos cuatro o cinco escalones.
-Y arriba, le ponemos una tapa. Pero hay que tener cuidado Sástoque. Ese piso no está muy firme, ahorita que lo golpeó ví que se movió. Menos mal que tenemos luz eléctrica aquí abajo.
-Claro que toca con cuidado, Gabriel. Yo creo que en tres días ya dejamos lista está cueva. Y le caemos a lo de arriba.
-Lastima Chuchito. Ese era el duro para pegar baldosa, lamentó Gabriel.
-Eso entre todos sacamos ese remiendo. Yo tengo tiempo que no trabajo en eso, pero tampoco era tan bruto para la obra fina, dijo Sástoque.
Fercho regresó en la tarde, un poco antes de las siete. Traía una botella de aguardiente en la mano. Aún unos obreros conversaban en el kiosco, entre ellos estaba el maestro Gabriel.
-Bueno, ya es hora de que se vayan a dormir. Dijo Fercho bruscamente.
Gabriel iba a decir algo, pero Juan habló primero:
-Deje la gente tranquila que están tomando un poco de fresco. Este verano está muy bravo.
-Pero es que ellos tienen que encerrarse a las siete, patrón. Siguió insistiendo Fercho, que al parecer ya había tomado bastante aguardiente.
Gabriel miró a los obreros y dijo:
-Vamonos a dormir mejor. Este señor está un poco pesado está noche.
-Y si no le gustó haga lo que quiera, dijo Fercho.
-Ya le dije que deje la gente tranquila, dijo Juan levantando la voz. Usted no se puede tomar un trago porque viene a montarla.
-Que se vayan a dormir esos pendejos, patrón. Yo quiero tomarme unos traguitos con mis amigos.
-Ya sabe que no quiero problemas, dijo Juan muy enfáticamente.
-Tranquilo, patrón. Nos tomamos esta botella y nos vamos a dormir.
Esa noche corría una brisa agradable. Fercho y los otros dos guardaespaldas de Juan sacaron unas sillas junto a la piscina y siguieron bebiendo aguardiente.
Gabriel se fue disgustado para la habitación. Se quedó pensando que en otros tiempos no hubiera aguantado tanta falta de respeto. Con el paso de los minutos, el sueño lo venció.
Afuera se escuchaban las risas de los hombres que seguían bebiendo.
La voz de Rocío despertó a Gabriel:
-Respeteme, señor, por favor, decía la mujer.
-Venga mamita, aproveche que hoy tengo plata hasta para tirar para arriba, decía Fercho intentando sacar a la mujer de la habitación.
-Ya escuchó que respete a la señora, dijo Gabriel saliendo de su cuarto.
Rocío aprovechó que el borracho le soltó la mano y cerró la puerta.
-Ya le dije que se fuera a dormir, viejo marica, dijo Fercho. Y los otros dos hombres que andaban con él soltaron la risa.
Los obreros fueron saliendo de las habitaciones. Y los encargados de cuidar la casa también llegaron. Uno de ellos preguntó:
-¿Y cuál es el escándalo?
-Que este señor es un irrespetuoso. Se le metió a la brava a la habitación de las mujeres.
-Cállese la jeta, viejo marica, dijo Fercho, viendo al maestro con los ojos brillantes por el alcohol.
-Le voy a enseñar a respetar a los hombres, dijo Gabriel.
-Y yo lo voy a m...
El borracho intentó sacar la pistola que tenía en la cintura, pero Gabriel, le descargo un golpe en la cabeza, con el puño cerrado que terminó con el borracho en el suelo.
Los otros dos hombres sacaron las pistolas y uno dijo:
-Yo lo mató ya mismo, perro hijueputa.
-Matenos a todos de una vez, dijo Gabriel señalando a todos los obreros que se habían levantado.
Uno de los guardias le avisó a Juan, que llegó y vió a todo el mundo despierto y a Fercho en el suelo.
-¿Que carajos está pasando aquí?, preguntó.
Los dos guardaespaldas guardaron las pistolas. Uno de los obreros movía al hombre que estaba privado:
-Vamos a moverlo para que vuelva en si, dijo.
-Pregunté que fue lo que pasó, dijo Juan.
-Que su hombre se le metió al cuarto de las mujeres. Si yo no salgo y le hablo quien sabe que habría pasado.
Juan tocó la puerta donde estaba Rocío y le dijo:
-Salga un momento, doña.
La puerta se abrió y salieron las dos mujeres.
-Que les paso.
-Que el señor se nos metió al cuarto y me estaba sacando sin yo tener nada con él.
-Ok. Vayan a dormir que no pasó nada.
Un obrero dijo:
-Ya se despertó el hombre. Pero está como atontado.
-Bueno, a dormir todo el mundo que mañana toca trabajar, dijo Juan.
-Mire, patrón. Yo no quiero que mañana esté señor me este amenazando ni cosa parecida. Yo estoy es trabajando como me comprometí y nos comprometimos.
-Quedese tranquilo maestro. De este vagabundo me encargo yo. Vayanse a dormir que no ha pasado nada.
Fercho estaba sentado y miraba para todos lados, al parecer no sabía dónde estaba.
Juan le dijo a uno de los guardias:
-Busque un lazo y me amarra a este irresponsable a uno de los palos del kiosco. Vamos a ver si le quitamos está maña que tiene.
Y mirando a los dos hombres de su escolta les dijo:
-Y ustedes se me van a dormir pero ya.
Cuando vió a Fercho amarrado al palo, Juan se rascaba la cabeza y dijo:
-Maldita sea, todos los problemas me suceden a mi. Lo único que faltó fue que este hijueputa hubiera matado a uno de los obreros y entonces se me viene el mundo encima.
Gabriel se acostó sobándose la mano derecha. Aunque tenía más de sesenta años, todavía sus brazos eran fuertes. No sé acordaba de haber golpeado a alguien con tanta fuerza en toda su vida. Muy pronto se durmió profundamente invadido por un sentimiento de satisfacción.
Rocío le dijo a Gladys:
-Gracias a mi Dios que se paró el maestro.
Gladys, con la malicia que dan los años, le preguntó:
-¿ De verdad no tiene nada con ese hombre?
-Nada. Ni una palabra me a dicho. Usted ve que tenemos prohibido hablar con todo mundo.
-Que peligro de verdad, borracho y armado. Pero como que le dieron duro. Menos mal.
-Yo tengo miedo es que mañana me la monte, dijo Rocío.
-Yo no creo. Según escuché, ahorita lo tienen amarrado. Con eso se le quita lo bravito, dijo Gladys.
-Ojala esos maestros terminen rápido ese trabajo para irme de aquí, dijo Rocío.