—Mamá, ¿Dónde está Héctor? —Charlie le pregunta a mitad de la cena, viendo el puesto de la mesa vacío. —No lo sé, hijo. —¿Está molesto porque no nos fuimos con él esta mañana? —Gala mira a su hijo. —No, como crees eso. —Yo creo que si se quedó molesto, mamá. La pelirroja muerde levemente la carne interna de sus labios, como le explicaba a su pequeño hijo tantas cosas. —Termina de comer para que te vayas a dormir. —Pero quiero esperar a Héctor. —Eso no se podrá hijo, no sabemos a qué hora va a regresar, o si va a volver esta noche —Eso último lo dijo con cierta irritación. […] Dormir a Charlie sí que le costó, se empeñaba en esperar a Héctor esa noche, pero de tanto conversar con él logro persuadirlo hasta que se durmió. Se estaba preocupando por el niño, sentía que estaba viendo

