Capítulo 26. Unos abuelos llenos de amor. Brisa lo observó durante un largo momento, momento en el que todas las imágenes de las noches que habían compartido desfilaron ante sus ojos, los besos, las caricias, las miradas, esa complicidad que vivieron durante esos días... La idea de sentarse a la mesa fingiendo ser su novia nuevamente... era peligrosa. Mucho más de lo que Alonso se podía imaginar. Pero también era deliciosa, poder volver a sentir sus manos cerca a las de ella, su cuerpo rozar su piel, quizás una caricia, una mirada, un susurró. Brisa sonrió, de forma maliciosa al pensarlo. ¿Qué puedo perder? Se preguntó... y sabía que la respuesta era mucho. Pero quizás conseguía hacerle saber que se había equivocado al menospreciarla, al haberla dejado como lo hizo, al haberla ignorad

