Capítulo 39. El eco que deja un veneno. Alonso se quitó el saco y se puso de pie, caminó hacia la ventana. Desde allí podía ver la ciudad, los autos que iban y venían, al mundo continuar con su vida mientras él se sentía hundido más y más en este problema, que él no había planeado así. Lo único que había querido era proteger a Brisa, la mujer que poco a poco se había metido en su corazón. -- ¡No puede ser… porque tuve que hacerte caso Bri! – exclamó arrepentido. Se repetía una y otra vez. Ahora debía pensar como reparar los daños colaterales y salvar de esta nueva tormenta a su mujer, porque eso era ella para él... su mujer. Brisa fingía concentrarse en el informe que tenía abierto en la pantalla, aunque ni una sola palabra de las que leía se procesaba realmente en su cabeza. Desde e

