Capítulo 24. Cuando una intención no es buena. De vuelta en su escritorio, Brisa se sentó con rigidez, ella encendió su computadora, dispuesta a sumergirse en el trabajo. Sus dedos temblaban sobre el teclado. Su corazón latía con fuerza, todavía palpitante por las emociones no liberadas. Pero una cosa estaba clara: Si Alonso Esquetini quería fingir que no había pasado nada entre ellos, ella también podría hacerlo. Al menos, hasta que sus corazones dejaran de arder. Si es que alguna vez lo hacían. -- No te voy a esperar señor Esquetini – susurró al mirar el reloj, eran cerca de las ocho de las noche, se había pasado la hora de retirarse, ninguna de las dos chicas que la acompañaban siempre estaban allí. Levantó la mirada y desde su lugar podía ver el reflejo de la luz que salía po

