Capítulo 37. El juego sucio de Sofia. Algunos de los presentes guardaron silencio al verlos entrar, otros por el contrario no temian al poder del presidente y continuaron murmurando y hablando por lo bajo. Pero cuando Alonso se detuvo en medio del comedor y levantó su brazo, todos… absolutamente todos se quedaron en silencio. -- Gracias a todos los que están aquí, y disculpen que interrumpa su horario de refrigerio, me tomará solo unos minutos lo que tengo que decir – comenzó aclarándose la garganta, pero con voz completamente relajada. -- Como algunos ya sabrán, mis abuelos vinieron a la empresa el día de ayer en una visita inesperada – pequeñas risas acompañadas de movimientos de cabeza se esparcieron por el comedor. Los empleados antiguos más que ninguno, sabían bien lo caóticos y

