Cinco años atrás, después del compromiso de Dante y Gabriella El rubí en el anillo brilló bajo la tenue luz de la lámpara, el compromiso se había llevado a cabo, el heredero de la mafia neoyorquina se había comprometido como se había esperado y ahora la promesa era un lazo de poder que no podía romperse. Sin embargo, más que un compromiso político, más que una alianza entre dos familias poderosas era la promesa entre dos personas unidas por el hilo rojo del destino, y la noche pintaba como un deseo intenso e irresistible. Dante miró a Gabriella —el hermoso sol de los Moretti— y cuando ella sonrió, supo que sería su maldita condena, su deseo más oscuro y al mismo tiempo, su amor más puro. —Estás nerviosa —preguntó Dante con la voz ronca mientras cerraba la puerta de aquel apartamento en

